Estoy leyendo el Periódico, el de Guatemala, pues tenía ya un par de semanas sin enterarme y veo que, ¡horror!, ahora existe una banda especializada en robar laptops, computadoras portátiles.
El asunto es más grave de lo que parece.
La laptop es uno de los elementos más emancipadores de la avalancha tecnológica reciente, dado que permite trasladar el trabajo intelectual hacia cualquier espacio (un sofá, el bus, la cama, el comedor, una pupusería, algún parque), recuperando aquello que lograban las pequeñas y antiguas máquinas de escribir y aún mejorándolas por ser más livianas y dúctiles que cualquier Remington legendaria (con el añadido de no sólo procesar textos sino también concentrar información, música, permitir el uso de cualquier programa de diseño, de lo que sea, internet y mil cosas más); la computadora portátil permite una organización mucho más dinámica de los oficios que tienen que ver con el uso de ordenadores, normalmente armatostes pesados y estáticos. También esclaviza y convierte al trabajo en omnipresente, es cierto, pero ahí vale aquello de "el que por su gusto es buey, hasta la coyunda lame". Y, si se trata de escribir, yo lamo.
La laptop se me hace un símbolo de libertad: recuerdo que una de las primeras imágenes, de hecho la primera que tuve en el RER de París, fue la de un parisino, un joven con cara de viejo que matizaba intrincadas cuentas en su laptop, durante el trayecto del aeropuerto Charles de Gaulle a Denfert Rochereau. La llevaba en las piernas, a la vista de árabes, hindúes, africanos y de alguno que otro caucásico francés; escribía, garabateaba de lo lindo y sin pena: nadie iba a robársela, nadie iba a meterse con su libertad. Cuando vi eso supe que podría entenderme con esta ciudad y pensé en mi nena.
Porque para mí la laptop es vital, casi una mujer.
Una vez, una de las tantas veces que me pasé de tragos, me sucedió que al salir de cierto bar en la zona 1 de Guatemala City divisé con horror que mi carro no estaba estacionado donde lo había dejado. Un carro caro, como todos los carros: un robo más en la ciudad. Monté en cólera, marqué el número de la aseguradora (ni llamé a la policía, imaginen cómo están las cosas...) y maldije mil veces a la situación de inseguridad que vive mi país. Pensé en todas y cada una de las horas, cada minuto que trabajé para juntar la plata, para conseguir esa burbuja móvil que me permitía surcar Guate sin salir herido o, al menos, reduciendo la probabilidad. Pero lo que más me dolía era que en el maletero estaba mi laptop y, por tanto, un 45 % o más de mi vida: mis escritos, mi música, mis imágenes, mis secretos, mis direcciones, mis cartas de amor, algunos odios. Todo lo que sería borrado sin miramientos por el próximo propietario de mi Toshiba-Satellite: mi vida borrada en varios clicks, mi vida formateada.
Estaba casi llorando cuando, por suerte, por dicha dirían algunos, casi al mismo tiempo que llegaba el agente de seguros llegaba también M, quien me había pedido el carro para ir a hacer no sé qué cosa por ahí cerca del bar: él vivía por ahí. (La cerveza tiene ciertas propiedades amnésicas que no terminan de sorprenderme). Reímos y el agente de la aseguradora medio me puteó y medio se puso a las órdenes, con esa amabilidad falsa del asalariado. Ya imaginarán ustedes que lo primero que hice fue abrir el maletero y suspirar de amor, de amor loco y carnal.
Por eso hoy exclamo, grito, reclamo que el robo de laptops es un atentado contra la vida y la dignidad humana. Contra el amor.
Mi dignidad es ser poeta y soy un poeta que escribe en laptop (a contracorriente del romántico lápiz y papel). Soy un ultra de la poesía y de la laptop y por eso condeno a esa pandilla de ladrones, malditos, verdaderos terroristas. Es tan fuerte lo nuestro que hasta intuyo que la delicadeza del teclado de mi Satellite y la agilidad de su touchpad inciden en los ritmos que enhebro en la incipiente obra mía. Mi trabajo, como el de Cyrill Conolly (y perdón por la estrambótica comparación), se factura muchas veces en la cama: con intermitencias entre mi laptop y mi mujer.
Podría vivir entre esa única intermitencia, para siempre jamás.
jueves, abril 21, 2005
Por la libertad portátil y el amor loco
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7 comentarios:
me alegra que aún tengas a tu mujer.
én méxico city me robaron la mía, hace dos meses, un día despues de mi cumpleaños.
desde entonces me desconsuela no sentir el calor de sus teclas cediendo bajo mis dedos, ni oir su tenue ronroneo, ni vaciar en su cantimplora mis secretos.
Qué bella elegía para una laptop, me encantó
Ce: siento mucho lo de tu amor, me duele también. Quizás la conspiración contra las laptops (o sea contra la libertad, etc.) sea un bonito caso para Fantomas.
Anonymous: gracias.
Alan, como tù bien sabes, los argentinos ponemos toda la carne al asador, y superamos a nuestros hermanos mejicanos, porque aqui no las roban, sino la secuestran y luego se comunican con los dueños (por algùn dato que encuantran dentro) y piden un rescate a cambio de la màquina.
Tomà, decime si no da para la letra de una milonga?
Púchica Paola, los rumbos que toma el crimen siempre me impresionan. Da para una buena milonga y, en buenas manos, hasta para un buen cuento. A ver quién se anima a cualquiera de estas dos opciones.
Me asombra sobre manera el comentario de Paola, y creo definitivamente que aunque las dos cosas sean malas, que te roben o que te la secuestren, la segunda es preferible, ya que te permite recuperar tu valiosa información.
De todas maneras lo mejor es que no te sucesa, les comento que unque yo vivo en la sugunda ciudad en importancia y tamaño de Guatemala, y aquí la delincuencia no ha alcanzado niveles tan altos, nunca uso mi laptop en un parque, o lugar publico, vale mas prevenir que lamentar.
por ultimo solo quiero decir que habria que agrgar al eslogan de si bebe no maneje, el de:"si bebes, no andes con tu laptop". :-) Saludos, Luis-Bravo
Ciertísimo, si bebes no salgas con tu laptop, ni en Xela ni en París, ni siquiera en Finlandia, donde dicen que ya ni recuerdan cómo fueron alguna vez los ladrones.
Saludos
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