17 sep. 2005

Platillo volador o noveles in the air

Ya anda papaloteando por ahí el nuevo número de Los noveles, que sienta otra vez cátedra de edición, diseño y frescura. Obligatoria visita para todos los que disfrutan las buenas lecturas y para aquellos que se ensueñan editando una revista web. Salvador Luis sabe su negocio. Así que localicen el platillo, apunten la escopeta y disparen.

13 sep. 2005

A tontas y a locas (pequeños apuntes sobre la moral)

A continuación entrego este texto de Simon Leys, que he intentado traducir del último número de la Magazine Litteraire:

Conciencias delicadas. “El tabaco es uno de los venenos más peligrosos para el hombre”. Esta virtuosa advertencia se ha vuelto bastante banal, me dirán ustedes. La que lo es menos – y que debería ponernos a pensar – es la identidad de aquel que la formuló: Adolf Hitler.

De igual manera, Adolf Eichmann esperando su ejecución, prestó un ejemplar de
Lolita de la biblioteca de la prisión. Después de algunas páginas (nos cuenta un biógrafo de Nabokov) indignado, rechazó el libro: “¡Esto es repugnante!”

Plagio. Un joven periodista entrevistando a Martha Graham, interrogó a la gran bailarina y coreógrafa sobre el tema de los plagios artísticos. “Escuche, querido”, respondió el viejo monstruo sagrado posando su mano artrítica sobre el brazo de su interlocutor, “todos somos ladrones. Pero al fin de cuentas, seremos solamente juzgados por dos cosas: por quien escogimos desvalijar y por lo que hicimos con ello”.

T.S. Eliot decía más o menos la misma cosa: “los poetas inmaduros imitan; los poetas logrados roban”.

Goethe. El hermano mayor de Ralph Waldo Emerson destinábase a una carrera eclesiástica. Vivió algún tiempo en Alemania donde seguía estudios bíblicos que terminaron por minar su fe. Fue a visitar a Goethe y lo hizo partícipe de sus dudas. Pero Goethe lo motivó a permanecer en el camino al que inicialmente lo había comprometido su vocación: “Sus convicciones personales son asunto suyo y no le incumben en lo absoluto a sus parroquianos”. El trazo es profundamente revelador: comprendemos por qué Gide le rendía culto a Goethe, y por qué Claudel lo abominaba.

Circunstancia atenuante. Como esas urracas que, si se da crédito a la leyenda popular (certificada lo mismo por una ópera de Rossini que por los álbumes de Tintin), tienen la manía de apilar en su nido toda clase de baratijas heterogéneas e inútiles, yo a veces tengo la debilidad de recortar de los periódicos trozos de información cuya absurda estupidez me parece irresistible.

Estos documentos no me son de ninguna utilidad; se amarillan dentro de una gaveta que, poco a poco, van desarreglando al punto que finalmente los tengo que tirar. Al cabo de una de estas limpiezas periódicas, redescubrí un recorte proveniente de un diario australiano cuya fecha, en aquel momento, yo no había notado (mas el contexto refiere a la muerte de la princesa Diana). Al releerlo, su seducción me parece inalterada:

“Ann Downey, de 59 años, originaria de Queensland, hirió a un amigo suyo de un cuchillazo carnicero en un restaurante, porque éste se había negado a devolver un plato de papas fritas suplementario que se les había servido con su comida. Este caso fue pasado ayer ante la audiencia provincial de Burnie en Tasmania. El juez presenció la explicación de cómo Mr Brian King, viudo, también de 59 años, había desatornillado subrepticiamente la tapa del salero a manera que éste se vaciara completamente en el plato de Mrs Downey; en represalia, ésta otra le proyectó un chorro de salsa de tomate a la cara. Mrs Tamara Jaco, abogada defensora, argumentó que Mrs Downey, quien se encuentra acusada de golpes y lesiones, debería beneficiarse de una importante circunstancia atenuante: “La reciente constatación de la muerte de la princesa Diana la había perturbado al más alto punto”.

¿De quién es esto? “Hay siempre más pasto para el filósofo en los valles de la estupidez que sobre las áridas alturas de la inteligencia”. – Uno juraría que esto es de Michaux, y de la mejor vendimia – pero de hecho, se trata de un pensamiento de Wittgenstein.

Schopenhauer. Sobre la sana labor de frecuentar los libros, Schopenhauer ha hecho observaciones cuya pertinencia perturbadora continúa vigente: “El arte de no leer es muy importante. Consiste de no interesarse en todo aquello que atrae la atención del gran público en un momento dado. Cuando todo el mundo hable de determinada obra, recuérdese que a quienquiera que escriba para los imbéciles nunca le faltarán lectores. Para leer buenos libros, la condición previa es no perder tiempo en leer lo malo, porque la vida es corta”. Y luego Schopenhauer dispara esta flecha final – que buenamente ajustará cuentas con el “Texto Antípoda”que acaban de leer: “Solamente aquel que saca sus escritos directamente del cerebro merece ser leído”

3 sep. 2005

DYLAN THOMAS: la tiniebla íntima del hombre



Le comenté que me encontré su rostro, casi perdido entre otros tantos, recostado en una esquina de la portada del mítico álbum Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band. Es un gran disco, pensé, sin decirlo. Volteó a verme, me llenó el vaso de whiskey, me sonrió. Le señalé (bebíamos en un pub anónimo) que su cara se asomaba en el vinilo junto a las de Marilyn Monroe, Charles Chaplin y Karl Marx. „Yeah, it’s a mad, mad world“, me respondió.

Por ahí aparece también Oscar Wilde. Así se lo dije al que me respondía entre silencios austeros.

El ejemplar de Collected Poems que descansaba en mis piernas resbaló al suelo y desperté. „Cuando un poeta se posa en la cabeza nos desplaza“, escuché. Era una voz que citaba o parafraseba a Juan Gelman, según pude reconocer.

Seguía imaginando al galés que publicaría el magistral 18 Poemsa a sus veinte años, esa monumental obra que desataría un maremoto en la poesía moderna. El Rimbaud de Cwndonkin Drive, el mismo que en sus inicios llegaría a presentar poemas ajenos como propios, alguien que jamás imaginó que alcanzaría la cúspide en el parnaso de la lengua inglesa.

Contuve las imágenes, recogí el libro y continué leyendo en la barra, hechizado. Ofrecía el siguiente whiskey. Para entonces mi compañero ya ganaba cierta coloración rojiza en las mejillas. Engulló de un golpe su vaso y alzó la voz como quien se busca una audiencia: Rage, rage against the dying of the light!

Algo extraño sucedía. La atmósfera del lugar, así nada más, cambió de modo radical. Unas muchachas que para entonces no nos habían prestado la más mínima atención, se acercaron. Mi compañero las invitó a un trago. A los pocos minutos ellas se mostraban extasiadas, mi compañero las envolvía con su lengua vibrante y seductora. „Las palabras no están hechas sólo para escribirlas, sino para ser dichas“, me susurraba esa voz en mi cabeza.

Tras unos minutos de conversación, el poeta interrumpió su verbal ambrosía y les dijo muy delgadamente: “chicas, me han gustado mucho pero deben irse; Caitlin está por llegar”.

"¿Caitlin?", preguntaron.

A esa hora mi cuerpo carecía de peso. Sentía no tener huesos. Sentía flotar mi cuerpo en alguna clase de plasma cristalino. Antes de retomar la lectura abrí bien los ojos, contemplé a las chicas retirándose.

Abrí al azar una página del libro que tenía en las manos. Leí un título que quemaba los ojos: “I dreamed my genesis”. No pude leer el poema completo, se me escapó. Si quisiéramos hurgar el corazón de la tierra, pensé, recorrer su entraña más íntima, tendríamos que incendiar su gruesa cáscara; del mismo modo, atrapar esa poesía habría requerido ser un cazador lleno de longanimidad.

Terminamos varios whiskeys y Caitlin seguía sin aparecerse. La curiosidad me perturbaba, no aguantaba más. Esta Caitlin debe ser alguien especial, sugerí. „Es mi mujer“, respondió mi compañero, ceremonioso. „Pero ya no va a venir“, agregó. „Ella antes se emborrachaba conmigo pero ahora no sé qué le pasa. Dije que venía para no ser descortés, hoy no ando de espíritu“, me dijo.

"It seems like a beautiful night to tell some stories. Do you know 'The mouse and the woman'?".

Alguien puso muy alta la música y volví a despertarme. Me vi en el espejo de la barra como se ve un borracho cualquiera. El libro, el Collected Poems, yacía en el suelo de nuevo. Le puse un pie encima, animado por la vieja creencia de pisar el libro para que no huya volando. La canción que sonaba en el pub repetía: “spread your wings and fly away”... 

Sí, respondí, agitando la cabeza, tengo un ejemplar de The collected stories una recopilación de New directions: ahí aparece el relato de la mujer y el ratón.

„Entonces dime, ¿no te pareció una bella historia?”.

En ese instante ya no sabía si se sonrojaba o si tomaba color por los tragos. „Esto merece otro whiskey“, dijo, a media carcajada.

„Sabes –añadió– yo vengo de un lugar llamado Swansea: el mar de los cisnes, quizás por eso le puse tanta atención a las palabras, porque de verdad creo que las palabras son todo“. „Desde niño las palabras han sido todo para mí“ –insistió. „¿Recuerdas aquel fragmento de: Let me not to the marriage of true minds / admit impediments. Love is not love/ which alters when it alteration finds, / or bends with the remover to remove?“.

Recuerdo cuando lo leíamos con mi padre, en sueños, le dije.

Abrir los ojos bruscamente, sentir que uno cae al vacío y despertar con el corazón vibrante. Los ojos abiertos, qué sensación. Abrir los ojos es entregar el alma virgen al mundo que siempre estará dispuesto a violarla. Los versos de Shakespeare continuaban resonando en mi cabeza con esa voz profunda y puntual, como de órgano. Cerré el libro, no terminaba de entender estas ensoñaciones. 
 
„¿Y tú qué haces removiendo las piezas del pasado?, ¿andas cazando fantasmas?“, me preguntó mientras bebía otro whiskey y me veía un poco burlón. El pasado es padre de la vida como el agua es su metáfora, según dice una poeta colombiana, le dije. "¡Ah, qué juego tan peligroso el de los niños terribles!“, me respondió.

18 Poems - 18 whiskeys

Pero la perfección sólo la encontramos ebrios,
y desaparece al despertar.

LI PO

Las gotas de whiskey se precipitaban en mi vaso, prístinas, transparentes, dotadas de una luz que las colmaba. Pensé en el primer hombre (o la primera mujer, nadie puede saberlo) que dimensionó su paladar con licores; adiviné ese ligero crecimiento, ese avanzar de bestia a Dios. Mi compañero me veía con un gesto descompuesto, sin embargo, su oratoria no sufría mayores cambios. „Sabes –susurró con firmeza–, he conseguido mucho: obtuve la admiración de todos mis contemporáneos, incluido ese profesor Eliot que me trataba como a un chico minero que sólo desea ser poeta“. „Créeme que eso, en un mundo de celos, vale bastante“, remató.

Al final todo lo bueno es reconocido, le dije, con apetito de ser oportuno.

„Bah, no es eso, hombre, que fui lo suficientemente listo para que me quisieran sin tener yo que arriesgar mucho“, me dijo.

La música seguía siendo muy buena y mis ojos se dilataban un poco más con cada nuevo estribillo. Experimentaba una sensación de retorno a la vigilia con cierto olor a muerte. Era David Bowie, la tonada iba así “ah, ah, ah, ah, ah, ah, ahahaha, I’m afraid of Americans”.

Ya no podía leer. Leer una poesía tan armónica exige cierto recogimiento, un acusado ascetismo de los sentidos. Me puse a tararear la canción y aproveché para intentar explicarme a mí mismo lo qué pasaba, sin éxito. No tenía más fuerzas para levantarme e irme de ahí. La canción me seguía conquistando, tarareaba: “I’m afraid of Americans, I’m afraid of Americans”...

„Pero ¿qué dices? –interrumpió mi compañero–, si América es la tierra de Dios... yo hice cuatro viajes a Estados Unidos, todos gloriosos… en las facultades daba conferencias y recitales de mis poesías, ¡ah, qué tierra, qué gente! No bien había yo puesto un pie en ese gigantesco santuario y me transformaba, me convertía en un pequeño dios o, más bien, en un pequeño diablo, en algo muy parecido a esa vulgaridad del nuevo tiempo que ustedes conocen como rockstar“, me dijo. 

Perdone usted, no quise decir nada, sólo estaba tarareando una canción de David Bowie, le dije.

„¡Pues ese tal Bowie es un hijo de puta!“, gritó. „Ese rufián no sabe nada de los americanos“. 

Eran otros tiempos, le dije, casi entre los dientes.

Apretaba los dientes con vigor. Algo hacía que quisiera y no quisiera despertar. Pero al mismo tiempo creía estar despierto, o al menos eso pretendía. Me sentía embobado, como imbuido de una extravagante idiotez: ¿cómo estar encrespado con un muerto? Y para colmo, ¡por lo que dijo en un sueño! Es que este señor no se da cuenta que todo el asunto ese de las estrellas de rock es un poco su responsabilidad. Él fue el primero en contactarse así con una audiencia, el primero en embeberse del elixir de un público extasiado.

La verdad es que me ofendía que le dijera "hijo de puta" a David Bowie.

"One more shot my friend?, please don’t take me so seriously".

Sirvió un whiskey más. Ya llevaremos unos quince, pregunté como quien no quiere la cosa… „Diecisiete, camarada, uno más y el círculo estará completo“, sentenció el poeta. 

Me apresuré a beber y traté de registrar todo a mi alrededor. Los ojos pueden ser los ejes del hombre, pueden llegar a ser portadores del cuerpo, dije para mí (recordando a Brodsky, claro está).

En todo este tiempo no le había visto a mi compañero una sola expresión de tristeza, pero de súbito sus ojos tomaron un aire acristalado. Está triste por Caitlin, ¿verdad?, pregunté, envalentonado por el scotch. Ya no va a venir ¿verdad?, agregué, acercándome a la insolencia. 

„Ella es bella pero no entiende –respondió–. Antes entendía, años atrás ella reconocía que un poeta no tiene otra opción que vivir una sucia transparencia; pero ahora Caitlin piensa que he descuidado mi verdadero trabajo: la poesía, ¡ja, cómo si requiriese cuidados! Ella cree que me consagré a la holgazanería, la adulación y el fornicio. No comprende que esa es parte de la sustancia de mi poesía, que así nace mi verbo, mi expresión explosiva. El mundo es, cada vez más, un sitio para hombres prácticos y eso me provoca un amplio desasosiego. Hay quienes sí entienden, existen quienes logran capturar el estribo interior del cosmos –así lo dijo–, esos serán quienes se emborrachen por mí en mi agonía... yo apenas he sido un shaker, aunque la poesía haya hecho estragos en mí“, concluyó sacerdotalmente.

Mis ojos dejaron caer un par de lágrimas e hicimos un silencio largo. Lo vi servirse un whiskey más. Lo vi de nuevo, se hacía transparente. Intuí que todo iba a terminar y lo abordé: „usted, compañero, es el que está parado junto a la piedra que custodia la tiniebla íntima del hombre, ¿verdad?“.

(Aquí adjunto el texto completo sobre Dylan Thomas, publicado inicialmente en la revista Magna Terra, año 2003)

¿Dylan Thomas en Nicaragua?

En la Prensa Literaria en Nicaragua han publicado el día de hoy el fragmento de un viejo texto mío sobre Dylan Thomas. Sólo que por alguna razón le han incrustado unas 80 incorrecciones del idioma y unas 40 faltas ortográficas. No sé quién se ve peor, si yo como autor, o ellos como editores de un texto de porquería. Mala onda.