30 jun. 2008

Alan Mills: trotamundos con visa de poeta

Por Fidel Celada
Siglo 21 | fcelada@sigloxxi.com

El próximo domingo, a las once de la mañana, Alan Mills compartirá el podio del Parque Biblioteca España, en Medellín, Colombia, con Quchqor Norqobil, de Uzbekistán; Lina Zerón, de México, y Chiranan Pitpreecha, de Tailandia. Los cuatro son parte del centenar de poetas invitados al XVIII Festival Internacional de Poesía de Medellín, el festival más grande del planeta en su género. Desde 1991, el evento ha convocado a cerca de mil poetas de los cinco continentes y a decenas de miles de colombianos y visitantes que durante unos días al año toman la ciudad con licencia para que sus venas líricas exploten mientras abogan por la paz en Colombia y el mundo.

A Mills, de 29 años, que participará en cuatro lecturas de poesía e impartirá un taller de creación poética, lo acreditan sus cuatro libros, publicados entre 2002 y 2007 (lea La obra de Mills, más abajo), y una activa participación en el medio cultural guatemalteco por medios electrónicos e impresos, con ensayos, antologías, columnas de opinión y reseñas. Su militancia en la bohemia local también lo ayudará: se cuenta que las veladas del Festival son de proporciones épicas…


Poesía itinerante

Para Mills, viajar por el mundo gracias a su poesía no es extraño: asiste con frecuencia a festivales en varios países de América y Europa; dos de sus libros fueron editados en México, otro más, en Perú. Su viaje más reciente fue en abril, cuando llegó a Suecia invitado por la Casa de Cultura Latinoamericana de Malmö, la tercera ciudad más grande del país escandinavo. Y el próximo, luego de Medellín, será a Francia, en noviembre, adonde ha sido invitado junto a Rodrigo Rey Rosa para celebrar el 20 aniversario del festival literario Les Belles Étrangères.

Dicho festival, organizado desde 1987 por el Centro Nacional del Libro francés, invita cada año a dos escritores de un país o región geográfica a que visiten durante 15 días, bibliotecas, librerías, escuelas, universidades y centros culturales en Francia; y participen en mesas redondas y lecturas públicas con el fin de acercarlos al público. En esta edición especial de aniversario el Centro invitó a 10 escritores “consagrados”, ex participantes del festival –Rey Rosa asistió en 1997 con Mario Monteforte Toledo, cuando el Festival fue dedicado a Centroamérica–, junto a un escritor emergente escogido por ellos. Como memoria del encuentro se editará una antología en la que los textos de los autores noveles serán presentados por los veteranos.

“Me llena de orgullo haber sido escogido por Rey Rosa, pues lo considero el escritor vivo más importante de Guatemala”, dice Mills, consciente de que esto es importante para una carrera literaria que forja desde que publicó su primer libro, hace seis años. No le resulta extraño que pregunte qué piensa de la curiosa terna (Monteforte/Rey Rosa/Mills) en torno al festival francés, pues Monteforte fue su mentor y maestro. “No creo en las herencias oligárquicas o el traspaso de estafetas. Lo único que puedo decir es que siempre ha habido un (escritor) guatemalteco que me ha tendido la mano”.

Poeta en ascenso

“Nunca quise ser escritor”, dice Mills. “Incluso estudié Derecho en la universidad. Pero después de mi incursión en fallidas bandas de rock, en las que era el autor de la letra de canciones con títulos como “Carne muerta”, me quedó la costumbre de escribir poesía. Pero era algo sólo para mí… hasta que mi madre y mi novia la descubrieron y me convencieron de que no escribía mal”.

Paralelo a estas primeras experiencias literarias, Mills avanzaba en sus estudios y hacía política en la Usac. “Estuve en la AEU (Asociación de Estudiantes Universitarios). Organicé la delegación guatemalteca al XIII Congreso de Estudiantes de Latinoamérica en Cuba, en el año 2000; conocí a Tomás Borge, Daniel Ortega y Raúl Castro, por decirte algo… Pero me decepcioné de las personas a mi alrededor en el movimiento estudiantil. Tanto que ya no quería ser abogado. Lo que me quedaba era escribir”. En este momento conoció a Mario Monteforte Toledo. “Fue en la presentación de un libro… le hablé a instancias de mi mamá, que era jueza en una demanda que él interpuso. Le mostré mis textos y le gustaron”.

Monteforte se volvió una especie de tutor literario de Mills, y a la vez su amigo: “Era alguien muy juvenil en sus ideas sobre la vida… bueno, no podía hablar de rock con él, pero sí de literatura”. Prácticamente abandonó sus estudios universitarios, pero llegaba todas las tardes al apartamento de su maestro, a leer y a organizar su biblioteca; a las cinco en punto, a la hora del té, discutían las lecturas. “Tuve una preparación superior a la de cualquier licenciatura en letras del país”, aventura. “Fue entonces cuando entendí que quería ser escritor, y cuáles eran las opciones que iba a tener –el tipo de vida que esto significaba–, los métodos de trabajo que debía adoptar”.

En esta época, Mills salió a la luz pública. De la mano de Monteforte (respetado por muchos como el último gran pensador guatemalteco) obtuvo contactos, reconocimientos y envidia de no pocos en el medio literario. En 2002 recibió el premio Revelación del año en Letras, otorgado por la Fundación Vicenta La Parra, la Fundación Von Humboldt y el Ministerio de Cultura de Guatemala; publicó su primer libro (Los nombres ocultos), e inició su exposición en medios de comunicación impresos. Se proyectaba como un intelectual serio, incluso pomposo, en ascenso, algo que se contraponía a una generación de escritores levemente mayores que él (Maurice Echeverría, Javier Payeras, Julio Calvo, Estuardo Prado, por mencionar algunos), agrupados la mayor parte en la Editorial X y proclives a una ruptura con la tradición literaria guatemalteca.

“No podía haber sido de otra forma”, dice Mills, examinando el pasado en perspectiva. “Yo debía ser distinto. Y lo fui: desde el principio me presenté solamente como poeta, algo que ahora tiene importancia. En aquel tiempo yo realmente me veía como el próximo John Keats. Pero poco a poco me di cuenta de que no pertenecía a una generación que creció leyendo a los clásicos, sino jugando Atari, viendo videos musicales”.

Autor experimental

La transformación se aceleró luego del deceso de Monteforte, ocurrido en 2003. “Tras su muerte vi como se me cerraban muchas puertas: sus amigos, por ejemplo, ya no me hablaban… Hasta entonces no me había dado cuenta de que Monteforte era la única parte de la tradición que yo respetaba… en realidad no me interesaban todos esos viejos. Entonces empecé lentamente a experimentar”.

Su entorno de amistades se diversificó entre sus contemporáneos; se acercó a la escena underground de la ciudad, y a espacios promotores de la cultura como Colloquia, el Centro Cultural de España y la revista Taxi. En el ínterin, y debido a que considera que el periodismo cultural no refleja lo que está sucediendo en el medio artístico, decidió promocionarse a sí mismo.

“Al principio fui un caradura. En una ocasión contacté a los organizadores de un festival en El Salvador y les dije: ‘Ustedes tienen que invitarme a mí’. Como he dicho en son de broma, después del tercer boleto los demás llegan solos a la puerta de tu casa… Ahora me promociono en Revólver, mi blog (o sea, aquí, jeje). La invitación a Suecia, por ejemplo, se dio en gran parte gracias a lo que ahí publico. Pero debo reconocer que muchas cosas que logré al principio de mi carrera sucedieron gracias a golpes de suerte”.

Las antipatías que generó su rápido ascenso en las letras chapinas resurgen con cada viaje. “Se trata de un mal endémico”, se explica. “Si en vez de tener este perfil mixqueño fuera canchito, a la gente no le extrañarían mis viajes. Mucha gente no puede aceptar que haya aprendido francés, portugués e inglés por mi cuenta, sin provenir de los estratos que regularmente tienen esas oportunidades”.

Al margen de lo que piensan sus detractores, Mills concuerda con quienes le han dicho que
parece que son dos personas distintas las que escribieron Los nombres ocultos y Síncopes, publicado el año pasado. Del verso libre de corte modernista de su primer trabajo a la amalgama de géneros sobrepuestos en la prosa poética del más reciente, hay seis años de evolución. “Ahora tengo una visión de la poesía que responde más al cruce entre un artista conceptual y un escritor tradicional. No hago experimentación por pose, sino como una manera de comunicarme”.

Rey Rosa, cuenta Mills, le dijo cuánto le había gustado su primer libro. “Eso me hizo regresar a mi producción temprana y revalorizarla. Ahora sé que se trata de lenguajes distintos para crear. Estoy seguro de que si quisiera podría escribir un libro de sonetos”.

Aunque no se siente “embajador” de la poesía nacional, Mills llevará consigo libros de algunos colegas compatriotas al Festival de Medellín. Sin embargo, le gustaría organizar junto al Ministerio de Cultura (que en esta ocasión corre con sus gastos de traslado a Colombia), un mecanismo permanente para que jóvenes poetas puedan aplicar a la “plaza” guatemalteca. “El próximo miércoles, durante la presentación y lectura de Testamentofuturo discutiremos sobre el Festival. Quizá se pueda instituir un concurso nacional, con un jurado, en vez de que la nominación sea como hasta ahora, a dedo. A mí, por ejemplo, en esta ocasión me propusieron unos salvadoreños”.




LA OBRA DE MILLS

La poesía de Alan Mills responde esencialmente a dos períodos. Un recorrido por el primero, el más apegado a la tradición modernista, fue compilado en la antología virtual Testamentofuturo (Editorial Libros Mínimos, Guatemala), la cual puede obtenerse gratis en Internet (www.librosminimos.org: su presentación será el miércoles 2 de julio, a las 6:30 p.m., en la librería Sophos).

Este libro contiene una selección de sus tres primeros libros: Los nombres ocultos (Magna Terra Editores, Guatemala, 2002), Marca de agua (Editorial Cultura, Guatemala, 2005), y Poemas sensibles (Editorial Praxis, México, 2005). El segundo período, experimental en su forma y denso en su temática, se observa en su libro más reciente, Síncopes (Editorial Literal, México y Editorial Zignos, Perú, 2007).

Participar en Les Belles Étrangères brinda a Mills la oportunidad para promover Síncopes entre editores interesados. Su traducción al francés se encuentra en proceso, lo mismo que una traducción al portugués. El autor piensa mudarse indefinidamente a Sâo Paulo, Brasil.


EN POCAS PALABRAS

No sólo de poesía

“La poesía no me da de comer, pero sí para viajar”, dice Mills. Ha trabajado como comunicador, bibliotecario y mercadólogo. En breve se trasladará a Brasil, en donde será poeta residente del centro cultural Casa de las Rosas, en Sâo Paulo.

Profesión u oficio

Contrario a lo que la gente pueda pensar, presentarse como poeta puede ser contraproducente. “Me ha pasado que dejo de gustarle a algunas chavas cuando digo a qué me dedico...”.

Años de juventud

La educación secundaria la recibió en el Colegio Don Bosco, conocido por el Festival Juventud. Ya entonces se inclinaba por el arte. “Participé como actor en 'El proceso de Locullo', de Bertolt Brecht. Ahí aprendí de la disciplina en el arte”.

Mala maña

“De mis años en la universidad me quedó la manía de colaborar en distintos proyectos”. De esta cuenta, ha editado la antología Sin casaca para el CCE, y cofundado la ahora extinta revista virtual Rusticatio.

Fotos: Paula Morales Vargas, Siglo XXI.