11 abr. 2008

Post-its


1. Haciéndome el sueco

En Malmö comiendo empanadas chilenas o sopitas preparadas por un amigo boliviano que me pide que busque, a mi regreso, a un guatemalteco que fue su amigo en Suecia pero que ya no sabe dónde está. Me pide eso y pone en mis manos un ejemplar del libro de su padre, el poeta
Guillermo Viscarra Fabre. Lo siento nerudiano, con eso augural.

Veo por la ventana en aquel edifico de la calle Skolgattan y me siento más latinoamericano que nunca. Eso que nos viene por cuenta de exilios, autoexilios, migración económica y exilios intermitentes (condición que es la que creo estoy viviendo). Veo a
Juan Moya, chileno, dirigiendo la Casa de la Cultura Latinoamericana y noto en él un vigor y coraje que también es nuestro, de América Latina. Juan da clases de salsa, dirige una orquesta de "jazz-fusión" (sambas, bossas novas), es profesor de filosofía y juez popular. Un renacentista, sí. Lee con pasión a Richard Dawkins y lo discute con sincero entusiasmo e interés con su hijo Jean Paul, sueco, pero que habla perfecto español. Jean Paul me dice, justo antes de ver un partido del Malmö FF: "los cambios políticos ahora tienen que ver con hacernos la pregunta de si podremos sobrevivir como civilización".

Pienso en eso mientras nos da coraje el partido: juega bien el Malmö pero falla muchas oportunidades. Terminaron empatados. Mejor seguimos discutiendo, argumentando. Me conmueve ver su mirada sobre la poesía, la toman como algo referencial en sus reflexiones, es decir, me hablan del problema mundial del agua, me instruyen sobre genética y mutaciones mientras la poesía queda suspendida como un dorado y hermoso telón de fondo o vaso comunicante. Saben de Guatemala y le tienen cariño. Un cariño que se tradujo (y esto es quizás muy sueco) en el enorme esfuerzo de la Casa de la Cultura Latinoamericana/Café Macondo
de invitarme a dar ese brinquito de charco. Lo que se ve se mira. Y valió muchísimo la pena. Aparte que la cerveza sueca no está mal, debo confiarles que las lecturas y el feedback han sido de lo mejor que me ha pasado. Al ser yo el único invitado tuve mucho espacio para hablar sobre mi trabajo e ideas acerca de la poesía y la ficción y etc. No son "mis" ideas, claro, son las ideas de varios, muchos amigos nómades.

Curioso es viajar a Suecia para encontrarme con chilenos, bolivianos, uruguayas, colombianas, españoles, todos ahí hablando español como si fuese aquello una fiesta en sí misma. Curioso ver de cerca el alma sueca, notar la educación de su gente, su cadencia y pausa. Lamenté que
Lasse Soderberg haya tenido bronquitis aquellos días, pero disfruté de sobremanera la charla con Ángela García, su compañera y con Pepe Viñoles. Me habría gustado también visitar a Jaime Barrios Carrillo en Estocolmo pero no hubo tiempo. Inolvidable la última noche con Lalo Barrubia y Sergio Altesor. Buenos tragos que casi me hacen perder el avión en Copenhague.

Imagen: www.cinemaguild.com