11 may. 2009

Lecturas aéreas

Lo mejor de los viajes largosme refiero a las pesadas horas de vuelo es que nos prestan el tiempo y la soledad suficientes para leer con soltura. Dos días antes de llegar a cualquier aeropuerto intento hacer una lista imaginaria de lecturas, la cual suelo cumplir con un escasísimo margen de error. Por lo general mezclo los géneros y los idiomas, priorizando siempre la lengua del lugar de destino y también dándole más espacio al género literario con el que me siento más cómodo en el momento del despegue.

Para el actual trayecto hice una selección inquietante y suculenta:


1. Cuentos completos, de Vladimir Nabokov.

Es un libro que compré hace ya varios años y que he ido consumiendo por temporadas. La verdad es que siempre releo mis dos o tres cuentos favoritos del conjunto, pero ahora he decidido acabarlo o al menos abarcar un 80% del total. Y qué decir de Nabokov sin llegar a la suprema redundancia de recordar su genialidad. Nada, mejor traernos a la mente, a modo de muestra, aquel cuento titulado “Un poeta olvidado”, una narración extraordinaria y una disección del funcionamiento de la cultura contemporánea; un relato que nos dará brillantes pistas para soportar la sordidez vinculada a la literatura, en cualquier parte.

2. Portrait of the Artist as a Young Dog, de Dylan Thomas.

A pesar de que la lengua francesa es mi principal recurso en estos días, decidí meter en la maleta dos libros en inglés. Uno de ellos tenía que ser de Dylan Thomas, está claro. Los que me conocen saben de la pasión y admiración que siento y sentiré por este enorme poeta, a quien he retomado con especial denuedo últimamente. Comparto grandemente sus visiones del mundo, la forma en que asume el destino de la poesía, la dinámica y fresca forma de enfrentar su tiempo. Y no mentiré, jamás leí este libro antes, así que ha llegado la hora.

3. 2012: The return of Quetzalcoatl, de Daniel Pinchbeck.

El otro libro en inglés que se ha colado en mi equipaje fue un regalo de la escritora austriaca Bernadette Schiefer, quien de esta forma me devolvía la energía que le entregó HH, al mostrarle y darle mi libro Trenes de Alta Velocidad en la coincidencia de un bus chiapaneco. De flujos y de luz está hecho también este libro de Pinchbeck, el cual está llamado a ser un clásico del pensamiento contemporáneo, donde se logran hilar con singular maestría los experimentos del autor con el neochamanismo, las visiones mitopoéticas de la antigüedad de varias culturas y su papel en el diseño del presente y futuro del mundo, sin excluir un análisis racional y realista del entorno. Lo he leído hasta la mitad, subrayando casi todo.

4. Um homem: Klaus Klump, de Gonçalo Tavares

Conocí a Gonçalo, justamente en París hace unos meses y nos caímos muy bien. Cosa poco difícil, puesto que se trata de un caballero portugués y una persona que, pese a su tremendo éxito literario, conserva la calidez y don de gentes de cualquier buen compañero de la universidad. Compré este libro en Sao Paulo, acompañado por Ana, y lo fui leyendo a los sorbos, disfrutando de una tétrica historia y de unos personajes cautivantes. El ambiente de la novela entronca maravillosamente con el lenguaje empleado para describirlo, donde brilla un portugués peninsular que parece indefectiblemente hecho para la mejor literatura. Lo releo como ejercicio de aprendizaje.

5. Testo Junkie, de Beatriz Preciado

No por ser el último es el menos importante y en esta ocasión es al contrario. Siendo el único libro en francés que me acompaña por este cruce del océano, tiene la prioridad total. Leeré y releeré todos los que ya mencioné, pero sólo hasta que termine esta nueva relectura de Testo Junkie. Sonará exagerado si comparo la importancia de esta obra con la que tuvo El Anticristo de Nietzsche o Le Deuxieme Sexe de la Beauvoir, en sus respectivos momentos, pero estoy convencido que los años me darán la razón. La escritura de Preciado es , además, toda una cátedra de uso de los recursos narrativos en boga, dejando a los rampantes autores de “auto-ficción” convertidos en unos monaguillos de parroquia pobre. Filosofía y ficción performática, texto lírico y manifiesto contrasexual. Una agresión al régimen farmacopornográfico: ese mismo que vende los Tamiflus y los dispositivos de látex.




Imagen: www.nationalmediamuseum.org.uk