2 oct. 2009

Eterna Cadencia: es imposible ser leído


“Es imposible ser leído”


02-10-2009 | Alan Mills

Entrevista al poeta guatemalteco Alan Mills

Por P.Z. Fotos: gentileza de Giselle Marino


Son las cuatro de la tarde y el tipo va por el segundo whisky. Lo necesita, dice, para lubricar la garganta. Con el whisky y su largo metro ochenta y cinco, mi café me empequeñece todavía más. Con cada respuesta Alan Mills se expande: un pulpo que se abraza a cada objeto libre como si buscara el lastre que lo devuelva a las profundidades, fiel a la estrategia de ataque y fuga que impone la guerrilla de marketing.

Alan Mills está de paso por Buenos Aires tras haber participado del XVII Festival Internacional de Poesía de Rosario. Estar de paso: habría que definir qué significa estar de paso para una persona acostumbrada al nomadismo. Infancia en Guatemala, juventud en París, adultez en San Pablo (y tal vez, como este cronista se ilusiona, su próximo destino esté en Buenos Aires).

Mills es el invitado más joven –y el único poeta en 2008– que haya asistido al prestigioso festival Belles Étrangères. Con el padrinazgo de Rodrigo Rey Rosa, varios libros publicados en México, Perú, Guatemala y otros tanto girando por internet, es una promesa que ya tiene un presente. Pero aquí es, todavía, casi un desconocido.

¿Servirá esta entrevista para conocerlo realmente? Debo advertir que hay que leerla con cierto escepticismo. Como él mismo afirma: “Alan Mills es una farsa”.

- Parecería que vos fueras un propio personaje tuyo.

- Alan Mills primero es una farsa: es absurdo que un guatemalteco se llame Alan Mills y que sea descendiente de jamaiquinos y de españoles. Crecí en un barrio de la periferia de la ciudad de Guatemala y después por distintos azares, el amor, y por otras razones he brincado de países tan disímiles e idiomas distintos. En esta búsqueda de mí mismo lo que terminé haciendo fue crear un personaje que es el poeta Alan Mills. Ese personaje es el que va a narrar de aquí en adelante –o que está comenzando a narrar– una obra que puede ser más imbricada que lo que se considera como narrativa. Yo construyo al poeta como un personaje de mi propia novela que sería mi vida. No es nada nuevo, es como una variación de Borges y el otro, de los heterónimos de Pessoa. Yo soy el heterónimo de mí mismo. Mi propio nombre es la búsqueda: Mills son los molinos, los falsos gigantes del Quijote.

- Te gusta mucho el juego con los nombres, ¿verdad?

- Me encanta. Por ejemplo: Barack Hussein Obama. Su destino está en su nombre. Barack es la baraja, la gracia, la suerte y la belleza. El azar: él llega ahí por azar, una combinación de azar y gracia. Está en Barack. Hussein es la intentona metonímica de hacer justicia, independientemente de que Saddam Hussein fuera un dictador, merecía otro tipo de proceso y no ser sometido a un ahorcamiento público. En el nombre de Obama ya venía incorporada la justicia simbólica de lo que cometió su propio país. Después Obama, pues suena a Osama. Hay que ver cómo manipulamos el sonido, sale Osama. Hace unos años, en tiempos de Bush, un taxista que se llamara Osama era ya un pobre hombre. El nombre tiene un poder fundamental. Obama lo limpia, da respiro a toda esta gente que querían aplastar por su nombre. En los tres nombres están los tres grandes ejes que podrían hacer de él un gran presidente. Te lo pongo como ejemplo porque está de moda y todo el mundo lo conoce. Pero sí: me encantan los nombres y los trabajo. Mills son los molinos, Alan: los alanos eran las tribus bárbaras que invadieron la Lusitania y Lutecia. Curiosamente francés y portugués, los idiomas en que más tiempo he pasado: Francia y Brasil.

Síncopes

Alan Mills es autor de Síncopes, un libro incalificable –esos que nos gustan más– presentado por el poeta chileno Raúl Zurita. “Alan Mills es uno de esos grandes poetas, y nos demuestra que estos países víctimas de todo están escribiendo como si aún existiera un alma, como si todavía existiera un cuerpo, como si todavía, en síntesis, hubiera la contingencia de un alma buscando a su cuerpo”.

Síncopes es el poema/relato de una violación: “A este hijo le voy a poner carlos julián porque son los dos nombres que recuerdo: dale duro julián, pasala carlos, hacela mierda, te toca, julián. Sí, dos nombres nomás, pero yo sé que sus tatas fueron al menos cinco, tal vez seis chontes culeros”. Cuánto dolor puede soportar una persona. Mills abre su piel, enfermo que espera en vano ser sanado por un doctor-lector:

- En Síncopes al lector lo travisto de doctor, y al final el doctor le dice al escritor “Sí, señor, a mí también me duele, pero yo no soy su psiquiatra. Esto es una clínica de reducción de peso”: a través de la solución paródica, el personaje se da cuenta de que es imposible encontrar al lector. Es imposible ser leído.

- ¿Qué es Síncopes?

- Es un texto mutante: a veces creo que es poesía y a veces creo que es prosa. También lo digo dependiendo de lo que me convenga. [Risas] Cuando me conviene digo que es una microficción y cuando estoy en un festival de poesía, porque quiero viajar, pues digo que es poesía. Pero lo publicaron como poesía: es importante decirlo. Digamos que la carga lírica permanece y es lo que guía la posible historia –o las posibles historias– que está adentro. El leit motiv narrativo sería la propia fuerza lírica de la palabra. En ese sentido yo lo sigo considerando poesía. El lenguaje se va narrando a sí mismo en su violencia, por eso es híbrido y mutante, no puede ser encasillado. Da la posibilidad de manipularlo. Por ejemplo, una manipulación que hicieron fue que lo metieron en la sección de narrativa en una librería de Guatemala y entonces se vendía más. Un libro mutante, travesti: se lo puede ubicar donde convenga. Ahí te das cuenta cómo funcionan las operaciones mentales de lo que es prosa y poesía de acuerdo al mercado del libro. Nos creímos la idea de que la poesía no vende, entonces no vende: es un antimarketing. Lo hemos repetido tanto que la gente no quiere comprar poesía.

- ¿Qué son los síncopes?

- Un síncope es la pérdida momentánea del flujo de la sangre al cerebro y al corazón, una muerte mínima que se recupera. Entonces cada pasaje del libro pretende dar una situación de asfixia y luego te vuelve a traer, te saca del sopor, te revive. Tiene que ver con Hunahpú e Ixbalanqué, que son los gemelos del Popol Vuh: cuando quieren derrotar a Los Señores de las Sombras presentan sus propias muertes como performance. Hunahpú mata a Ixbalanqué, Ixbalanqué mata a Hunahpú, se reviven y de esa forma hipnotizan a los Señores de las Sombras que quedan maravillados de la capacidad mágica que tienen. Hasta que uno de ellos les pide que lo maten y ya no lo reviven: ahí derrotan al Señor de las Sombras y pueden fundar su pueblo. Siguiendo esa lógica, la idea aquí es presentar la muerte como performática. El síncope sería la performance de la muerte –como el orgasmo que, como descubrieron los franceses, es una pequeña muerte–.

- ¿Cómo entra la violencia en el libro?

- Se puso de moda escribir de violencia en Guatemala, en México, en Colombia. De los narcos, de las maras, de la guerra, de la postguerra. Lo que intenté fue huir de ese tema y que el lenguaje se presentara como la imposibilidad de escapar del tema de la violencia. O sea: el tema de Síncopes nunca es la violencia, es la persona que está en pánico que no sabe qué hacer frente a sus pesadillas. La violencia entra como fantasmalmente, no es el tema del libro. De todas formas, todo idioma, toda comunicación siempre es violenta. Lo único no violento sería estar callado. Ya desde el “buenos días”… [Risas]

Vas a estar en mi nuevo libro

Mills juega: es el gato que elige a su presa. Nos conocimos en Rosario. Hablamos durante una hora o más. Entonces me dijo “en mi nuevo libro vos vas a ser uno de los personajes”. Un rato después me explicó que eso se lo dice a todo el mundo para ver cómo reacciona, para ver cómo se convierten en personajes de sí mismos.

- ¿El nuevo libro sobre qué va a ser?

- Un falso cuaderno de viajes, una falsa autobiografía, falsa poesía. Todo es falso. Soy de la idea de que todos los profetas son falsos. El poeta (sic) es falso: miente. El tiempo es el que convierte la profecía en verdad. El profeta siempre que hable va a ser considerado falso. Nadie va a reconocer a Jesucristo caminando por la calle. Entonces yo juego con la idea de la profecía, las mentiras. Ya lo hablaremos cuando esté listo. El nuevo libro tiene que ver con la continuación del que escribió Síncopes y Caja Negra XX 2012. Este último, Caja negra, lo escribí cuando perdí el archivo sin backup de este libro que ahora continúo escribiendo. En la desesperación de la pérdida lo único que pude hacer fue escribir otro libro hablando de lo que se fue. Se parece en algo a esta novela de Levrero, La novela luminosa, que es la novela que no puede escribir: yo lo que digo es la que me quitaron, la que se perdió en el disco duro muerto.

- Recién decías profeta y tuviste un fallido: dijiste poeta. No sé si te diste cuenta.

- ¿Poeta falso dije? El poeta es el profeta… laico. [Risas]

- ¿Tenés fecha de entrega del nuevo libro?

- No la he terminado, y normalmente se dice que es de mala suerte hablar del libro que no se terminó. Pero hoy haremos un hechizo y diremos que tendrá buena suerte. [Risas] Eso sí, no hay que decir el título (el título me lo he reservado celosamente), pero… Inevitablemente desde que te dije que vos vas a aparecer en mi libro ya abrí la narrativa, se recompone a un punto que es muy difícil cerrarlo. Pero decidí que lo termino este año en diciembre, pase lo que pase.

- ¿Por qué decidiste la promoción de tu obra a partir de guerra de guerrillas? ¿Estudiaste marketing?

- No, estudié derecho. Trabajé poco tiempo pero muy profundamente en marketing y ahí existe la noción de guerrilla –no la voy a definir aquí, es muy conocida–, pero uno de sus aspectos consiste en usar la menor cantidad de recursos posibles para colocar una idea o crear una campaña de expectativa para una marca. Es una apropiación del capitalismo: se apropia de una noción estética, le quitan el contenido ideológico y utilizan la estrategia. Me parece bárbaro: no ataco al capitalismo en ese sentido, me parecen más inteligentes los sistemas que logran absorber las cualidades de su opuesto. Pero, al mismo tiempo, me dije que había devolverle el contenido a ese asunto: la guerrilla marketing es la manera en que he trabajado con el blog, con mi facebook, con mis libros en .pdf, las publicaciones en pequeñas editoras de varios países. Llegar y hacer un impacto. El impacto lleva al nombre, el nombre al texto y el texto empieza a circular. La gente no tiene mis libros porque mis editores son muy pequeños, pero algunas cosas están en internet, accesibles. Libros cuidados que la gente puede leer. Impacto y fuga: de alguna forma yo lo he hecho. Escojo muy bien qué es lo que voy a leer en cada lectura, pienso muy bien cuál es el público. Le doy como una acción y esa acción va a llevar a ciertos canales. Eso es lo que ha ido creando este árbol de posibilidades, de viajes, de pequeñas elecciones.


Rosario (y Buenos Aires y Argentina) siempre estuvo cerca

¿La literatura argentina tiene una llegada importante a Guatemala?

Yo pienso que sí. Incluso Sabato que uno lee cuando es adolescente –independientemente de la valorización que se pueda hacer ahora de la obra de Sabato–. El Túnel es una literatura, como leer Hermann Hesse. La literatura argentina es una de las grandes literaturas, hay que decirlo. Lógicamente uno se nutre de obras que están a la vanguardia. Borges lo hizo, Piglia lo está haciendo, César Aira ha creado otro modelo. Vas viendo que hay un diálogo de modelos de literatura que por ahí no se da en otros países. Hay grandes novelistas en Guatemala, pero es difícil ver una literatura en ese sentido de modelos. Guatemala ha tenido grandes exponentes, pero no creo que se haya creado literatura como me atrevo a decir que se puede percibir en escritores argentinos.

¿Qué leés, qué consumís?

Ahorita estaba leyendo best sellers porque me interesa ver cómo funcionan.

¿Para hacer uno?

No sé, en un momento dado me gustaría hacer uno. No lo estoy haciendo ahora. Pero ¿por qué no? El best seller tiene algo que en este momento me atrae para ver qué hay. Estoy leyendo uno que no está tan mal, de una escritora canadiense que se llama Lucie Dufresne: Quetzalcóatl. Es el viaje de un vikingo a las tierras de México, que luego es convertido en Quetzalcóatl. No me atrevería a decir cuál es la calidad porque no lo he terminado todavía.

¿Qué encontrás en un festival que te enriquezca?

Primero te da la oportunidad de viajar, que aunque parezca fútil decirlo, es una de las cosas más importantes. Luego te da la posibilidad de verte en los demás. Los poetas somos muy ridículos y nos cuesta darnos cuenta. Por la cantidad de festivales a los que he ido generé esta idea como de “postpoeta”: somos muy cursis. El poeta tiende a la ternura. Puede ser una ternura estrambótica, hasta pesada, pero es gente genuinamente tierna. La poesía es tan libre porque casi nunca está orientada al mercado: en su debilidad está su fuerza, pero también al ser libérrima ves las excentricidades de mucha gente. En un festival se puede experimentar una serie de cruces entre lo emocional y lo social, cosas intensas. Los festivales en el futuro van a ser talleres masivos. Si aplicamos el cambio del modelo bancario al modelo interactivo de la educación, lo mismo deberían ser los festivales. La gente que va a escuchar poesía es porque tiene una noción de poesía. Y esa noción del lector no la estamos aprovechando, lo ponemos sólo a escuchar.

Fotos: Giselle Marino