11 feb. 2010

Popol Wuj / Borges


Avancé las primeras 350 páginas del Borges de Bioy. Ese libro que Rodrigo Rey Rosa asegura que se parece a una esfera.

Una amiga me pregunta vía Facebook lo que opino acerca del episodio de María Kodama en el libro; se refiere a una opinión "especialmente fuerte" de Adolfo Bioy Casares sobre la mujer del genio. Le respondo que todavía no aparece María Kodama frente a mis pupilas, apenas voy comenzando el recorrido de la esfera. También le cuento que me llamó la atención que Borges y su gran amigo hayan leído el
Popol Wuj... dice Bioy que lo comentaron con mucha admiración; pero la entrada en el diario es muy escueta, como si no hubiese podido evitar mencionarlo.
Ese mismo día, 23 de abril de 1953, cuenta Bioy Casares que tradujeron el cuento "Los brahmanes y el león", del Panchatantra.


A cuenta de esto me puse a delirar con leones, tigres (2010 es el año del Tigre para los chinos) y pensé también en el jaguar: mi nahual. Luego, al nomás terminar de escribir la línea anterior abrí el periódico y visualicé que Sudáfrica ha escogido un leopardo como mascota del Mundial de Fútbol que organizan. Zakumi, se llama. Un nombre que parece de manga japonés.

Quiero imaginar que más adelante, en ese libro llamado
Borges, Bioy comentará alguna cosa sobre el cuento "La escritura del dios", el único relato de Jorge Luis Borges que fue ubicado en el mundo prehispánico mesoamericano.
De dicha pieza de ficción extraigo este bello fragmento relatado por la voz del personaje-narrador, Tzinacán:

"¿Qué tipo de sentencia (me pregunté) construirá una mente absoluta? Consideré que aun en los lenguajes humanos no hay proposición que no implique el universo entero; decir
el tigre es decir los tigres que lo engendraron, los ciervos y tortugas que devoró, el pasto de que se alimentaron los ciervos, la tierra que fue madre del pasto, el cielo que dio luz a la tierra. Consideré que en el lenguaje de un dios, toda palabra enunciaría esa infinita concatenación de los hechos, y no de un modo implícito, sino explícito, y no de un modo progresivo, sino inmediato. Con el tiempo, la noción de una sentencia divina parecióme pueril o blasfematoria. Un dios, reflexioné, sólo debe decir una palabra y en esa palabra la plenitud. Ninguna voz articulada por él puede ser inferior al universo o menos que la suma del tiempo. Sombras o simulacros de esa voz que equivale a un lenguaje y cuanto puede comprender un lenguaje, son las ambiciosas y pobres voces humanas, todo, mundo, universo."


Tzinacán me suena inicialmente como algo parecido a "perro + serpiente", pero luego descubro que en realidad significa "murciélago" (Balderston). Leo el texto varias veces, con admiración, y me resulta maravilloso percibir que esa idea de infinito, siempre desarrollada con belleza y profunda inteligencia por Borges, también le haya sido sugerida por este príncipe maya-cakchiquel que contempla a un jaguar, mientras reflexiona en paralelo sobre la divinidad y la inminente muerte que le será donada por el conquistador Pedro de Alvarado.También habla Tzinacán de una rueda infinita (hecha de agua y fuego) que podría relacionarse, pienso, con Gucumatz (Quetzalcoátl) y que, a un tiempo, dejaría sugerida una referencia al Aleph. El príncipe guerrero, Tzinacán, no nos confía la clave que ha logrado descifrar en "la escritura del jaguar". Habla de "una fórmula de catorce palabras casuales", que me resulta inevitable relacionar con los 13 cielos del mundo prehispánico, más una dimensión extra: ¿conocer la palabra (mágica) sería una forma de experimentar algo más allá del cielo?

Me pregunto si algo de esto aparecerá más adelante en esa otra esfera (un libro que adivina el pasado, como bola de cristal) llamada
Borges, de Adolfo Bioy Casares.

CASA DE LETRAS
(Perú 375, Octavo Piso / Perú y Avenida Belgrano/ Buenos Aires, Argentina / Teléfono: 5352 3355)

Taller de Lectura: Popol Wuj: poesía y ficción
Una lectura contemporánea del libro sagrado de los mayas
Coordina:
Alan Mills


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