13 de nov. de 2010

LITERATURA HACKER Y LA CREACIÓN DEL NAHUAL DEL LECTOR


Literatura hacker y la creación del nahual del lector

El presente ensayo propone leer la literatura latinoamericana como un espacio ciberespacial, al que las diversas comunidades indígenas acceden en calidad de hackers, apropiándose de los códigos de acceso (lingüísticos, teóricos, literarios) y transformando sus contenidos interactivos. También se discute una aproximación literaria al acto de leer, en donde los gemelos héroes del Pop Wuj representarían el aspecto siempre dual de nuestra identidad creadora (lector y escritor).


1. Literaturas indígenas y hackers del ciberespacio literario


William Gibson, en su legendaria novela Neuromante, definió de la siguiente manera al ciberespacio:

 “Es una alucinación consensual experimentada diariamente por billones de legítimos  operadores, en todas las naciones (...) Una representación gráfica de la información abstraída  de los bancos de todos los ordenadores del sistema humano. Una complejidad  inimaginable. Líneas de luz clasificadas en el no-espacio de la mente, conglomerados y  constelaciones de información. Como las luces de una ciudad que se aleja (...)” (Gibson, 2007: 69-70).

Comienzo con esta cita, pues me parece importante dejar claro que cuando este texto se refiera al ciberespacio, no se estará hablando solamente de las computadoras, de las bases de datos, o de la tecnología que permite el establecimiento de redes virtuales de información y comunicación: el ciberespacio va más allá, es una 'alucinación consensual', es la representación holográfica de una mente colectiva.

Esta definición nos ayudará a imaginar la literatura desde un punto de vista singular.

Pensaremos aquí a la literatura latinoamericana como un estamento ciberespacial, como un muy particular delirio consensual: la interconectividad virtual de lecturas y acuerdos simbólicos, alrededor de las múltiples obras que componen el mapa literario de los países que alcanzaron su independencia de la Corona Española, hace más o menos doscientos años.

Los legítimos operadores de este ciberespacio utilizan al idioma español como lenguaje de navegación y se valen, también, aunque subsidiariamente, de otras lenguas occidentales (principalmente el inglés y el francés), de donde se toman valores y orientaciones de lectura. Al mismo tiempo, es el código letrado el que se usa para configurar una jerarquía de la producción literaria que flota en este ciberespacio. Los libros impresos funcionan como el software privilegiado para la operatividad de este sistema.

Las lenguas indígenas del continente no aparecen como canales de mediación, o negociación, o difusión de las lecturas del ciberespacio literario latinoamericano. Y, del mismo modo, la producción oral no es considerada parte del corpus simbólico de dicha literatura.

En este contexto, un autor que no ha publicado un libro impreso en idioma español y cuyas principales referencias no se encuentran en las tradiciones hispánica, francesa, portuguesa, o anglosajona, no sólo se encontrará por afuera del ciberespacio literario latinoamericano, sino que, además, se estará enfrentado a un sistema de código cerrado.

En informática, un programa es de código cerrado cuando el código fuente no se encuentra disponible para cualquier usuario, es decir, cuando no se hace público. Se le llama así, en contraposición al código abierto, o software libre (Wikipedia, 2012).

Las calificaciones requeridas para navegar en el estamento ciberespacial de la literatura latinoamericana rebasan, por mucho, las condiciones de acceso a la cultura letrada, en las que la mayoría de comunidades indígenas del continente subsisten. De esa cuenta, una de las estrategias que los autores indígenas usan para insertarse en este sistema de código cerrado, es la de convertirse en hackers.


2. ¿Hackers?


Esta intervención puede parecer atrevida, o exótica, pues la identidad indígena suele estar referida, dentro del binario semiótico, a representar lo pre-moderno, lo arcaico, lo primitivo (Nelson, 2006).

Hace un par de décadas, la antropóloga norteamericana Diane Nelson haría su primera visita a Guatemala, en donde quedó fascinada por la popularidad de los filmes de ciencia ficción en las comunidades más apartadas de la región ixil.

Según nos cuenta la antropóloga, en su libro Man Ch’itil. El dedo en la llaga. Cuerpos políticos y políticas del cuerpo en la Guatemala del Quinto Centenario, su nombre, Diane, fue de inmediato referido a Diana, protagonista de la serie televisiva “V, Invasión Extraterrestre”.

Los indígenas del Ixcán, con los que comenzaría una diversidad de pesquisas, le apodaron “Diana, La Reina de los Lagartos”, como un sutil homenaje a la serie con la se entretenían por las tardes. La trama de "V, Invasión Extraterrestre" presentaba unos alienígenas reptilianos que intentaban infiltrarse en la humanidad para conquistarla, suscitando acciones de declarada insurgencia por parte de nuestra especie.

Esta implosión de lo hipermoderno en un ambiente considerado pre-moderno, llevó a Diane Nelson a la formulación de la categoría del "maya-hacker": “una articulación destinada a sugerir la yuxtaposición incongruente entre la ciencia ficción y la ciencia social de la antropología” (Nelson, 2006: 410).

Diane Nelson propone a la ciencia ficción como un ingrediente cognitivo que alteraría de forma radical el estudio antropológico, ayudándole a "dilucidar la brecha entre la certeza de las posibilidades inmanentes y sus reflejos en las interpretaciones éticas, sociales y espirituales".

Para Nelson, un "maya-hacker" es aquel sujeto miembro de una colectividad indígena que adopta una serie de estrategias para quebrar el código cerrado de la modernidad capitalista y de sus aparatos estatales, insertándose en el ciberespacio de la cultura del mismo modo en que los hackers ponen en jaque la seguridad de los parajes de la Web. Dice Nelson: "un hacker no controla el sistema en el cual trabaja, pero tiene un conocimiento profundo de sus tecnologías y códigos" (Nelson, 2006: 408).

El activista indígena de derechos culturales no es para Diane Nelson un “indio negado”, un “indio ladinizado”, o un traidor a su grupo étnico (porque habla español, se tituló en la universidad y conoce los vericuetos de la cultura moderna global), sino un "maya-hacker": alguien que navega una Nación-Estado-Ciberespacial, a través del conocimiento de códigos clave que le permiten obtener información valiosa (los Derechos Humanos, por ejemplo), para la subsistencia de sus comunidades.

Una forma muy simple de demostrar la existencia de una Nación-Estado-Ciberespacial, va en la constatación de que no es necesario leer el Código Penal para evitar salir a la calle y convertirse en un asesino en serie. La alucinación consensual opera en nuestros cuerpos, se introduce así la ley en nuestro propio flujo sanguíneo. Estamos controlados de un modo biopolítico, para decirlo con Foucault. Somos nuestro propio represor y nuestro propio juez. Vivimos desde siempre en una especie de fantasía orwelliana.

Del mismo modo, no hace falta haber leído toda la literatura latinoamericana y su crítica, para asumir una serie de convenciones y acuerdos tácitos que la regulan. Estas convenciones son las que persiguen normativizar las lecturas, establecer las jerarquías y certificar las legitimaciones. 

Así se crea ese holograma ciberespacial llamado “literatura latinoamericana”. Un delirio consensual que nos empuja, por ejemplo, a no cuestionar el uso del español en cuanto lengua oficial de dicho sistema y a considerar a los pueblos indígenas como sujetos adyacentes al mismo. 

El indígena, o el sujeto perteneciente a cualquiera de los grupos étnicos que transitan la cultura en términos de subalternidad, no es considerado un lector destinatario del corpus literario. A nivel de la imaginación colectiva, los pueblos indígenas son considerados sujetos pre-literarios o, en el mejor de los casos, vestigios vivientes de una literatura que ya no existe.

Es por esto que también me permito usurpar un mecanismo de la ciencia ficción para transformar esa lectura represiva que opera sobre las culturas originarias del continente, la cual los obliga a aparecer en calidad de paisaje, vestigio, o ruina. Pretendo resquebrajar esa imposición que obliga a las culturas indígenas a representar un pasado del cual escapamos a toda velocidad. Trasmutar su identidad a la representación de un futuro post-exótico, multilingüe, y con una literatura que se socializaría a través de los más diversos soportes (incluso rituales).

Entenderemos mejor esta transformación de los autores indígenas en “hackers literarios” si imaginamos el carácter cíclico del tiempo: se viajaría tanto hacia atrás (a través del estudio de textos ancestrales, por ejemplo), que se terminaría por aparecer en algún lugar del futuro. Así completaríamos el recorrido de un círculo temporal que nos hará dar un salto cuántico, pasando a otro nivel de conciencia literaria.


3. Las estrategias del pillaje


El viejo binomio “liberal-conservador” ha dejado, casi por completo, de representar un campo de contradicciones reales, para trasladarnos al escenario de la performatividad política. La guerra actual entre el código cerrado y el software libre, aparece en nuestras pantallas como una contradicción en verdad operativa.

Por un lado, Mcintosh, Microsoft, y todas las empresas que desean transformar la web en un territorio donde el acceso a los servicios sea de pago y donde la circulación de la información esté controlada por quienes detentan el código. En el otro bando estarían los commoners, los activistas de Creative Commons, los hackers y todos aquellos que luchan diariamente por un ciberespacio cuyo software sea libre, gratuito, y que además permita la posibilidad de su alteración y reformulación. Estos son lenguajes en franco conflicto. Una guerra de guerrillas virtual.

Recuerdo la primera vez que visité la ciudad maya de Tikal, en Guatemala. El guía nos orientaba sobre su historia y sobre las particularidades de esa espectacular arquitectura, y cuando una turista le preguntó respecto a las razones por las que los mayas abandonaron esta ciudad, el guía explicó que la última dinastía reinante no había sido capaz de sortear la crisis de recursos provocada por las sequías y por el propio desgaste del entorno que su ritmo de producción provocaba. La legitimidad política de la élite había sido minada, por su incapacidad para enfrentar la crisis. Esto propició las más cruentas insurrecciones, las cuales dieron al traste con la unidad del reino.

Lo que más llamó mi atención fue el relato del guía sobre la actitud de las élites, sobre su arrogancia suicida. Los reyes eran los únicos que tenían acceso al código matriz, los únicos que sabían interpretar los códices, hecho que finalmente impediría que los plebeyos triunfantes fueran capaces de sostener el control de una ciudad compleja, tan moderna y letrada, a su modo. Esto los llevaría a la diáspora y al final de la grandeza para los mayas de Tikal.

Esta parábola funciona como una metáfora transtemporal sobre el destino de nuestras culturas. Si se quiere transformar el mundo, pienso, más allá de la búsqueda de una insurrección total, al estilo de lo que actualmente son las diversas variantes de “terrorismo”, deberíamos crear estrategias que permitan diseños intersticiales de cultura que faciliten la libre circulación del conocimiento.

Volviendo a pensar al ciberespacio de la literatura latinoamericana, tampoco se trataría, entonces, de abolir la tradición crítica, ni nuestra modernidad literaria, desdeñándola y asumiendo que se podría construir una nueva lectura a partir de cero.

Según la óptica lacaniana de Zizek, en la dinámica virtual “el sujeto/interactor necesita de un conjunto de reglas sin las cuales se sumergiría en una experiencia psicótica de un universo en el cual ‘hacemos lo que nos da la gana’ y somos, paradójicamente por esa misma razón, privados de nuestra libertad, atrapados en una compulsión demoníaca” (Zizek, 2010) .

De acuerdo con el New Hackers Dictionary, un hacker es “una persona que explora los detalles de los sistemas de programación y cómo extender y aumentar sus capacidades, alguien que disfruta el reto de vencer o burlar creativamente las limitaciones” (Raymond, 2012). 

Diane Nelson afirma que “hackear” quiere decir “comprender y controlar la tecnología informática y, lo que es más importante, tener la capacidad de formar redes de comunicación y de intercambio de información” (Nelson, 2006: 414).

Visto así, las personas de origen indígena que han tenido acceso a estudios literarios superiores, posgrados en literatura comparada, o en lingüística, o escritura creativa, etc., se transforman, por una suerte de operación alquímica de lectura, en hackers del sistema literario occidental.

Los poetas y escritores en lenguas indígenas que publican sus libros e intervienen así en el diálogo del ciberespacio latinoamericano, se convierten asimismo en "hackers literarios". Sus redes de conocimiento literario, sus transacciones de información intertextual retornan al saber acumulado de sus comunidades, pero al mismo tiempo alteran y modifican el código matriz de lo que llamamos “literatura latinoamericana”.

Pienso, por ejemplo, en Humberto Ak’abal y su autotraducción (¿se "autohackea"?), del quiché al español, creando una lírica tan minimalista como barroca y delirante. Un poeta que puede ser leído dentro de la categoría de lo “experimental” (por su exploración onomatopéyica y sus performances varias), pero que al mismo tiempo está recubierto del vapor de lo que interpretamos como “clásico”.

Pienso en Jaime Luis Huenún creando una poética radicalmente nueva, donde se puede rastrear por igual a Georg Trakl y a sus antecesores mapuches. Pienso también en Roxana Miranda Rupailaf, con su danza ritual posmoderna, y no puedo dejar de imaginar que el "hacker literario" será el tejedor del holograma intersticial de las redes por donde circulará la literatura del futuro.

Basta leer un poema de la poeta mapuche Roxana Miranda Rupailaf, donde se nos pinta un paisaje fantástico que podría relacionarse con los escenarios de la Tierra Media de Tolkien, sin perder la sutil cadencia de la poesía de su propia tradición materna:


Pareja

Un caballo vuela al sur en medio de la guerra.
Un caballo sin alas montado en una nube,
me llama a la puerta de mis sueños
donde soy una potra más rubia que el sol.
Indomable como un pensamiento,
relincho mis ilusiones con olor a hierbas.
Despierto.
El caballo se cae del cielo

y me deja preñada.


4. Hackeo en múltiples direcciones


La operación de "hackeo literario" carecería de sentido si fuese restringida a otro código cerrado: el de la etnicidad. El "hackeo literario" sólo alcanzará su plena operatividad como categoría de lectura, si propicia un flujo hiperdinámico de información en múltiples vías.

Así, un escritor de origen hispánico, o mestizo, o europeo, o que se asimila a sí mismo como integrante de la cultura occidental, pero que al mismo tiempo aprende a decodificar el saber literario de los pueblos originarios, y/o consigue leer y expresarse en una de sus lenguas, será otro espécimen valioso de hacker.

Al leer las primeras quinientas páginas del Borges de Bioy, me llamó la atención que Borges y su gran amigo hayan leído el Popol Wuj... dice Bioy que lo habrían comentado una noche con mucha admiración. Pero la entrada en el diario de Bioy Casares es muy escueta, como si no hubiese podido evitar mencionarlo... Ese mismo día, 23 de abril de 1953, cuenta Bioy Casares, tradujeron el cuento "Los brahmanes y el león", del Panchatantra...

Quiero imaginar que más adelante, en ese libro llamado Borges, Bioy comentará alguna cosa más detallada sobre el cuento "La escritura del dios", el único relato de Jorge Luis Borges que fue ubicado en el mundo prehispánico mesoamericano.

De dicha pieza de ficción extraigo este bello fragmento relatado por la voz del personaje-narrador, Tzinacán, el cual nos ayudará a comprender la categoría de “literary hacker” desde un punto de vista bastante peculiar:

"¿Qué tipo de sentencia (me pregunté) construirá una mente absoluta? Consideré que aun  en los lenguajes humanos no hay proposición que no implique el universo entero; decir el  tigre es decir los tigres que lo engendraron, los ciervos y tortugas que devoró, el pasto de  que se alimentaron los ciervos, la tierra que fue madre del pasto, el cielo que dio luz a la  tierra. Consideré que en el lenguaje de un dios, toda palabra enunciaría esa infinita  concatenación de los hechos, y no de un modo implícito, sino explícito, y no de un modo  progresivo, sino inmediato. Con el tiempo, la noción de una sentencia divina parecióme  pueril o blasfematoria. Un dios, reflexioné, sólo debe decir una palabra y en esa palabra la  plenitud. Ninguna voz articulada por él puede ser inferior al universo o menos que la suma  del tiempo. Sombras o simulacros de esa voz que equivale a un lenguaje y cuanto puede  comprender un lenguaje, son las ambiciosas y pobres voces humanas, todo, mundo,  universo." (Borges, 2000: 137-138).

La descripción borgiana parecería hacer referencia a la codificación de un estamento ciberespacial. El ciberespacio, entendido también como una especie de "Gran Otro" lacaniano, aparece en la imaginación de Borges en calidad de “escritura del dios”: una palabra que articularía a todas las palabras. Un tigre refiere a todos los tigres, estableciendo el hyperlink desde el nombre del animal hacia el arquetipo de la fiera y luego hacia su materialidad.

Borges también sugiere una interface extraordinaria para explicar el tejido de esta red virtual de saberes que atraviesan la mente del personaje-narrador: la escritura de todo el universo, es decir, la escritura del dios, es decir, el ciberespacio, puede leerse en las redes dibujadas por las manchas de la piel del jaguar. Borges entiende a la escritura como algo que está más allá de la representación de palabras en caracteres latinos y hace la referencia a 14 palabras mágicas, o palabras clave, passwords, que nos permitirían develar el misterio de la piel del jaguar.

Veamos: en la cosmogonía prehispánica mesoamericana existen 13 niveles de cielo. El número 13 aparece asociado al mundo superior, al mundo de las ideas, a eso que Jung llamó el “inconsciente colectivo”... Quizás por eso, cuando el escritor argentino nos propone la cifra 14, parecería querer indicarnos que existe todavía un nivel más allá del cielo, algo más allá del inconsciente colectivo, una palabra realmente mágica que estaría más allá del ciberespacio y nos llevaría al hiperespacio. Al infinito.

Tzinacán es el príncipe cakchiquel que protagoniza el relato de Borges. Tzinacán aparece encerrado enfrente de un jaguar, también enjaulado por el Adelantado español. Este nombre, "Tzinacán", me había sonado inicialmente como algo parecido a "perro + serpiente", pero luego descubrí, leyendo a Balderston, que en realidad significa "murciélago". 

Y resulta por lo menos “curioso” que Jorge Luis Borges haya estado al tanto de este detalle, tan particular como decisivo: la comunidad cakchiquel se identifica a sí misma a través del murciélago, el cual es la representación arquetípica (o sea, el nahual) de la doble polaridad luz/oscuridad. Revelación, aurora. "Ak'abal", en el calendario maya Tzolkin.

Esto quizás se relaciona, de forma mística y trágica, con el rol de aliada de los españoles que la etnia cakchiquel desempeñó durante la conquista.

Leo “La escritura del dios” varias veces, con admiración, y me resulta maravilloso percibir que esa idea de infinito, siempre desarrollada con belleza y profunda inteligencia por Borges, también le haya sido sugerida por este príncipe maya-cakchiquel que contempla a un jaguar, mientras reflexiona en paralelo sobre la divinidad y la inminente muerte que le será donada por el conquistador Pedro de Alvarado. También habla Tzinacán de una rueda infinita (hecha de agua y fuego), que podría relacionarse, pienso, con Gucumatz (Quetzalcoatl) y que, a un tiempo, dejaría sugerida una primera referencia al Aleph. 

¿No es el Aleph, acaso, la representación borgiana de ese momento en que el Corazón del Cielo crea a los cuatro primeros hombre-jaguar, quienes son capaces de verlo todo, de penetrar las cosas, de ver lo oculto y registrar el pasado, presente y futuro, entremezclándose?

Me atrevo a decir que Borges hizo operativa una lectura del tipo hacker alrededor de los saberes de los pueblos indígenas de Guatemala. Decodificó no sólo el Pop Wuj, sino que también supo descifrar el contenido arquetípico de sus intrincada metáforas y elipsis.

El relato de “La escritura del dios” también denota un profundo conocimiento del entorno histórico de la conquista del reino cakchiquel en Guatemala.

A diferencia de Miguel Ángel Asturias y otros indigenistas de la época, Borges no intenta copiar una prosodia, es decir, no hace playback. El argentino intenta desentrañar el código y "hackear" la cultura para trasladar ese conocimiento al software llamado El Aleph, el libro de cuentos que circulará en el ciberespacio de la literatura argentina, latinoamericana y finalmente universal, de forma transformadora.

Otro escritor argentino que aprovechó su lectura del Popol Vuh es Antonio di Benedetto. Aunque en Di Benedetto la operación de "hackeo" no alcanza la profundidad, ni la audacia de Borges, sí resulta llamativo que se ocupe del reverso del Mundo Superior. De las altas ideas interconectadas, pasamos, con di Benedetto, al espacio de las sombras.

Es inquietante la relación entre el Inframundo de los quichés (Xib’ alb’ a) y la decadencia en la que termina por desembocar Emanuel, el protagonista de Sombras nada más..., novela publicada por Antonio Di Benedetto en el año 1985.

En cierto momento de la historia, Alba Rosa, la amante guatemalteca del protagonista (también llamada "Chimalmat" en la narración), le dice:

 "¡Oh, lo desconocido! ¿Sabes dónde comienza? Guárdate del camino negro. Antes de  llegar a Xib’ alb’ a , lugar del desvanecimiento y de la muerte, se cruzaban cuatro caminos:  el rojo, el blanco, el verde y el negro, que efectivamente de los cuatro era el Xib’ alb’ a el  que halagaba el orgullo de los viajeros para atraérselos, diciéndoles que era el camino del  rey. Pero el Xib’ alb’ a era el lugar de la desesperación, del desvanecimiento, de los  muertos." (Di Benedetto, 1985: 246-247).

Alba Rosa también narra para Emanuel la historia de Vucub-Caquix (marido de Chimalmat), quien es derrotado por los gemelos héroes a causa de su soberbia. La leyenda del Popol Vuh relata que Vucub-Caquix queda desdentado por un golpe silbado por la cerbatana de Huhahpú, el joven y mágico gemelo sagitario. Esta carencia de dientes simbolizaría la pérdida del poder, la decadencia y, finalmente, la justicia impartida por las fuerzas del equilibrio cósmico.

Emanuel consigue descifrar el meta-mensaje de Alba Rosa y dilucida que ha perdido todo el poder de fascinación que alguna vez tuvo sobre ella, cosa que acentúa su sentimiento de desdicha. Se infiere, entonces, que Xib’ alb’ a (el Inframundo de los quichés), es el reino de las sombras trasmutado por mérito de la ficción, en el viaje de Emanuel a Centroamérica, ese sitio en donde no le quedará otra opción que mirar "sombras, nada más"...

Y ésta es la metáfora perfecta de su caída en desgracia.


5. El nahual del lector 


Veamos ahora a la obra literaria como la representación material de la serpiente emplumada y como una de las manifestaciones de su retorno a nuestra psique.

Afirman los quichés, que el amanecer es el propio acto de esparcir la simiente en el firmamento. La escritura es la agricultura del vacío o de los campos celestes, y cada letra es una estrella, semilla de luz que genera imágenes, o metáforas-constelaciones, haces luminosos sobre el cuerpo holográfico de la página.

Una letra es una partícula de polvo estelar. La lectura es un desafío al vacío: es la forma en que nos tocamos por dentro. Así se crea un espejo convexo, al interior de la mente y el corazón del Otro. Es la verdadera continuación de nuestra privada página espiritual: un documento eléctrico que se comparte, un attachment que alteramos desde que lo vamos descargando con los ojos.

Mi ensayo propone la imaginación de nuevos softwares de lectura. Al pensar a la literatura como "depósito interactivo del saber vivir" (Ette, 2009: 43), imagino libros de código abierto que permitan una navegación intersticial de nuestra diversidad.

Mientras el mundo se maravilla con los nuevos dispositivos de hardware, mientras todos caemos seducidos por el iPad, a la búsqueda, quizás, de convertirnos en escritores cosmopolitas (que en traducción castiza, quiere decir escritores europeizantes y modernólatras), me gustaría proponer un desplazamiento. Hacer un viaje en otra dirección.

Usar el Pop Wuj, en su función de software transhistórico, permite la sincronía entre el pasado y el futuro, se crea así el axis mundi del presente eterno. Algo parecido a cavar un agujero de gusano en el tiempo. Libros ancestrales usados como un software que permitirá comprender un mundo en donde la virtualidad ha sustituido a su representación material. Libros que son compuertas que se abren al mismo futuro, experimentado ahora como la sensación de un ayer imaginario.

Al código cerrado de la modernidad occidental, que integra los saberes milenarios bajo la etiqueta del folclore, del new age, o de la mera antropología, hay que oponerle un código open source, donde se liberaría el acceso al conocimiento por intermedio de una operación de des-jerarquización simbólica. Esto permitirá la manipulación recreativa de la riquísima tradición literaria occidental. Le inyectará sustancias que la pueden catalizar hacia un ciberespacio literario, en el cual la multiplicidad arquetípica del universo se verá más fielmente reflejada.

Otra operación hacker es la de imaginar a la lectura como la capacidad de ser guiado y transformado por el propio texto.

Inspirado en los gemelos héroes del Popol Vuh (también Pop Wuj, o Popol Wuj, así llamado) , quienes triunfan por la autotransformación que hicieron, imagino a la obra literaria como esa tecnología que será capaz de darnos la capacidad de mutación perenne, renovando los ciclos de la vida y la muerte día con día.

Nací bajo el signo del I'x, cuyo nahual es el B'alam: el jaguar de las selvas mayas. Organizo con la finalidad de amar, mi ritmo es el de la igualdad. Soy guiado por mi propio poder duplicado. 

Algunos astrólogos afirman que aquellos cuyo nahual es el B'alam tienen siete vidas, como los gatos. Nacen, mueren, se crean y se recrean ellos mismos. Y que hay dos tipos de jaguares: los excéntricos y los convencionales. A veces estas dos mismas personalidades conviven en el mismo sujeto. A los primeros les gustan las fiestas, a los segundos los automóviles exóticos y la ropa sesentera.

Al jaguar se le llama "nahuel" en mapundungún –lengua de los mapuches de Chile– y en quéchua uturuncu" o "unqa". Se afirma que el origen del nombre “jaguar” proviene de la palabra guaraní "yaguá-eté" que significaría “parece perro”. Esto se relaciona con los perros "alanos" traídos por los conquistadores y su característica piel atigrada. Se asegura, no obstante, que la etimología más correcta de las palabras "jaguar", "yaguar" y "yaguareté", procedería de las palabras, también guaraníes, "yaguá" (fiera) "eté" (verdadera). (**)

En la cultura amazónica asshéninka existe la ambigüedad entre la especie como entidad, como persona colectiva –"el Jaguar", "manítse"– y sus representantes individuales –"uno o varios jaguares particulares", "manítse" también–. En dicha cultura el jaguar se ve a sí mismo como a un ser humano y su piel en realidad es su "kitháárentse". Los "guerreros-jaguar" mexicas, de ascendencia noble, portaban pieles de Pantera onca –en lengua nahuatl "ocelotl"– sobre las espaldas a modo de distintivo en la batalla. (**)

En portugués, el jaguar es llamado “onça”. La versión negra del jaguar, llamada simplemente “pantera negra”, responde al mismo nombre científico de "Pantera onca" y se trata nada más que de jaguares con melanismo. En el Paraguay y en el Noreste de Argentina los ejemplares con melanismo son llamados con el nombre, de origen guaraní, "yaguá'hú", mientras que los de manchas comunes son llamados "yaguará'pará". (**)

La sabiduría popular habla del nahual como un espíritu protector. Se dice que cada persona, al momento de nacer, tiene  ya el espíritu de un animal que se encarga de protegerlo y guiarlo. Estos espíritus, llamados  'nahuales', usualmente se manifiestan sólo como una imagen que aconseja en sueños, o a través de alguna afinidad con el animal que los tomó como protegidos. (**)

Antiguamente –en las culturas maya y azteca– el nahual era la forma animal que tomaban los dioses para comunicarse con los humanos. Por ejemplo, el nahual del dios Tezcalipoca era el jaguar, aunque usaba indistintamente la forma de coyote, y la de Huitzilopochtli era  un colibrí. 'Nagual' es la pronunciación arcaica y popular del término 'nahualli' o 'nahual',  perteneciente a la lengua náhuatl, derivado de la raíz 'nau', que significa 'doble'. 'Nagual'  significa 'doble', 'proyectado', y se refiere al aspecto metafísico o divino de la existencia. 'Nahualli', asimismo, era el nombre de los sabios en general, aquellos que profundizan o penetran en las cosas. 'Náhuatl' significa 'comprensible', es el nombre propio de la lengua. (**)

Durante la noche nos presiente en la distancia otra alma encendida: el nahual que nace y sucumbe junto a nuestra sombra. Es posible soñarlo, aunque a veces es doloroso: gritamos tanto que nos dan ganas de expirar antes de tan siquiera recibir un primer sorbo de luz.

La lectura es la necesidad de crearle a la obra un doble proyectado en el tiempo; un animal, o una energía que cuida el recorrido de su espíritu en la selva de los arquetipos: su nahual.

Si has intentado leer un libro, como quien busca adentro de sí mismo su propio sembradío de estrellas, la profecía ha sido realizada. La lectura performatiza nuestra necesidad de volver la mirada hacia arriba y descubrir, en esa oscuridad manchada de estrellas, el túnel interior por donde descenderemos a nuestro propio Inframundo: el lugar en donde nos esperan nuestros más íntimos fantasmas.

La cosmogonía maya habla de 13 cielos y 9 mundos bajo nuestros pies.

De forma análoga, en el mito náhuatl del Mictlán –el paralelo del Xib’ alb’ a quiché– aparecen nueve niveles de Inframundo, los cuales simbolizarían los nueve meses que se debe cuidar de una vida antes de que ésta emerja, desde la oscuridad cómoda y protectora, hacia la iluminación dolorosa e inextricable. 

Son también las nueve dimensiones de espacio descritas por la teoría de cuerdas, a las que se le agregaría una única dimensión de tiempo.

De acuerdo con el Popol Wuj, en Xib’ alb’ a existen 6 casas del Inframundo, en donde los gemelos fantásticos son sometidos a las más terribles pruebas. Podría suponerse que las 3 casas que nos hacen falta, las deberemos imaginar como lectores. Quizás han sido desaparecidas por las inclemencias logísticas, políticas e históricas que sufre un manuscrito de tan larga y ardua conservación. O quizás simplemente no existe equivalencia entre los "niveles de inframundo" y las "casas". O podríamos pensar también en una inversión concretista del 6 que toma la forma de un 9 puesto de cabeza. Yuxtapuestos son dos números que forman una suerte de Yin Yang.

El primer viaje de los gemelos Hunahpú e Xbalanqué hacia el Reino de Las Sombras, narrado bellamente en el Pop Wuj, se asemeja al de Dante guiado por el Poeta Virgilio para cruzar el infierno.

Vale agregar que en La Divina Comedia aparecen descritos 9 círculos infernales, cifra que coincide con la numeración establecida por la mitología prehispánica del Inframundo.

Pero si bien Dante reconoce en el Poeta Virgilio a la luz que lo orientará, la fuerza que lo llena de confort –y será esto, quizás, una especie de identidad escindida, en donde nuestro ego se representa a través de una figura que consideramos más alta y refulgente–, para los gemelos héroes del Popol Vuh, esta travesía hecha en pareja se transforma, más bien, en una identidad dual, complementaria en su equidad, en donde los atributos de ambas presencias fantásticas sugieren una complicidad lúdica, una estrecha fraternidad e, incluso, cierta inestabilidad de género, con visos que podríamos considerar andróginos: "Hun Aj Pu": un cerbatanero; el joven sagitario; el efebo que dispara al Cosmos; "Ix B’ alam Quej": ¿pequeño jaguar venado?; ¿mujer jaguar sobre una bestia?

Según el mito originario quiché, cuando los gemelos héroes mueren en cierta región del relato, estos se transforman en el sol y la luna, representando así la fusión cíclica del día y la noche, de la luz y la oscuridad que presidirán la vida y los designios del pueblo. Un incesante ir y venir.

Los gemelos héroes son asimismo la representación dramática y holográfica de nuestros hemisferios cerebrales; de la simbiosis del consciente y el inconsciente; del despertar y el sueño; de la ficción y el documento; del ensayo de ficción y el ensayo académico; del lector y el escritor. Hunahpú e Xbalanqué representan a nuestra propia dualidad, buceando en las aguas turbias de nuestro pasado, imaginando por este camino (el del texto), los surcos en donde crecerá la milpa de nuestro futuro. 

En el Popol Wuj se da cuenta de una cartografía simbólica que nos permitirá avanzar hacia una potente revelación íntima: la luz haciendo implosión en el ser, que se expande como una galaxia y se ilumina a sí mismo: el acto de leer.

Los Señores de Xib’ alb’ a simbolizarían el conjunto de amores fracasados, los rostros velados de quienes nos han rechazado, el cúmulo gaseoso de desencuentros humanos, las páginas borradas de los libros que no conseguimos escribir y la cohorte oscura de deseos reprimidos, acumulados en el corazón hasta el momento de mirar a las estrellas. También son las máscaras espejeantes de aquellos a quienes rechazamos y el rostro endurecido de los que sufrieron por nuestra causa: la sombra junguiana.

En su segundo viaje –cuando los gemelos retornan al Inframundo y quieren derrotar a Los Señores de las Sombras–, nuestros héroes les presentan sus propias muertes como performance: Hunahpú mata a Xbalanqué, Xbalanqué mata a Hunahpú, se reviven una vez, dos veces, varias veces, y de esa forma hipnotizan a los Señores, los cuales se quedan maravillados de la capacidad mágica que tienen estos hermanos.

Llegados a cierto nivel de éxtasis, uno de Los Amos de la Oscuridad les pide a Hunahpú e Xbalanqué que lo maten a él también: los gemelos ejecutan el mandato con celeridad, pero permitiéndose, esta vez, la opción de no revivir al muerto. Es así que derrotan a Xib’ alb’ a y consiguen fundar su pueblo, esa comunidad que toma su nombre de los árboles y que tiene un origen humilde: de cazadores y recolectores de semillas del Cosmos.

Podría inferirse, apelando a Jung, que la fundación del pueblo maya-quiché equivale a la consumación y cúspide del proceso de “individuación”, o de “autorrealización” del lector: ese lugar en donde el individuo alcanza a establecer su Todo, consiguiendo la integración del mundo (limitado) a la plenitud de su conciencia (infinita).

La narrativa de Hunahpú e Xbalanqué sólo estará completa si quien la lee elabora, parabólicamente, esta misma travesía en las profundidades de su ser. El Pop Wuj configura un viaje dual, en donde se procura la creación de un Yo capaz de narrar su historia, y de ser lo suficientemente enérgico como para sobrevivir a su propia ficción.


Referencias bibliográficas:


Bioy Casares, Adolfo. Borges. Buenos Aires: Destino, 2006.

Borges, Jorge Luis. El Aleph. Madrid: Alianza Editorial, 2000 (quinta reimp.).

Colop, Sam (traducción al español y notas). Popol Wuj. Biblioteca Guatemala - 1. Guatemala: F&G Editores, 2da. edición, abril de 2011.

Di Benedetto, Antonio. Sombras, nada más... Buenos Aires: Alianza Literatura, 1985.

Ette, Ottmar. Del macrocosmos al microrrelato. Literatura y creación – nuevas
perspectivas transareales. Guatemala: F&G Editores, 2009.

Gibson, William. Neuromante. Madrid: Booket, 2007 (segunda imp.).

Jung, Carl. Recuerdos, sueños, pensamientos. Barcelona: Seix Barral, 2005.

Miranda Rupailaf, Roxana. Las tentaciones de Eva. Chile: Colección de Premios Luis
Oyarzún, Secretaria Ministerial de Educación. Región los Lagos. Puerto Montt, 2003.
Nelson, Diane M. Man Ch’itil. El dedo en la llaga. Cuerpos políticos y políticas del
cuerpo en la Guatemala del Quinto Centenario. Guatemala: Cholsamaj, 2006.


Referencias virtuales:


Balderston, Daniel. "Borges y el encuentro: La escritura del dios".
http://d-scholarship.pitt.edu/5798/1/Balderston_Borges_y_el_Encuentro_rotated.pdf
(consultado por última vez en enero de 2012).

Raymond, Erick (ed.). New Hackers Dictionary.
http://www.outpost9.com/reference/jargon/jargon_toc.html (consultado por última vez en enero de 2012).

Wikipedia. "Código cerrado". http://es.wikipedia.org/wiki/C%C3%B3digo_cerrado (revisado por última vez en enero de 2012); "Nahual". http://es.wikipedia.org/wiki/Nahual (revisado por última vez en enero de 2012).

Zizek, Slavoj. "Lo real del Ciberespacio". En: http://ignoria.soup.io/since/42932713
(septiembre 2010).

** Las informaciones seguidas de este signo (**), las he tomado de diversas fuentes electrónicas que no citan las fuentes directas; y alguna frase fue tomada de foros de discusión web en donde participé hace muchos años. Algunos bloggers, como Antiheroeamericano, refieren que las fuentes de varias de estas definiciones son el Códice Florentino, de Bernardino de Sahagún y el Tratado de las idolatrías, de un tal Alarcón. Algunas frases las refiere Wikipedia, aunque varias también aparecen ahí sin cita de la fuente directa. Algunas de estas frases quizás son mías, pero debido a su hipercirculación en la web, ya no lo sé a ciencia cierta.