5 oct. 2010

Libros mínimos

Por Adolfo Méndez-Vides/El Periódico *
Es entusiasmante saborear los textos de los nuevos autores nacionales y latinoamericanos que refrescan el panorama de la literatura contemporánea vía la publicación de fragmentos de su obra en ediciones mínimas, de entre 30 y 40 páginas en un formato menudo que recuerda a los clásicos de bolsillo. La editorial Mata-Mata utiliza portadas específicas para cada obra, y publica autores de toda Latinoamérica, famosos como el argentino César Aira o novedades de la región, en narrativa y poesía. La editorial Vueltegato, por su parte, presenta un formato gris metálico uniforme, ligeramente modificado en cada caso, y se enfoca en la poesía. Las colecciones son llamativas: pequeñas obras de arte, en ediciones limitadas de 200 ejemplares, para seguidores, conocedores e interesados. Dicho recurso fue utilizado en el pasado por César Brañas para la edición en miniatura de sus Diarios de un aprendiz, que autopublicaba y repartía entre sus conocidos. Para los nuevos autores el sistema se percibe como tarjetas de presentación, para dar de un vistazo una buena idea sobre lo que están escribiendo, como una muestra para desear el pastel.

Me he detenido de entrada en los textos poéticos de Mata-Mata, y la impresión fue muy buena con la
Caja Negra de Alan Mills, autor nacional, y Mi primera banda punk, del argentino Francisco Garamona. Ambas publicaciones nos aproximan a una “poética narrativa”, porque los poemas se leen de corrido, como escuchando una voz que nos cuenta historias. Mills elabora sobre la pérdida de un proyecto de novela que desapareció en el disco duro de una computadora, rememora la existencia de los dobles de los personajes trazados pero perdidos, buscando en la caja negra de la memoria, donde quedaron sueltos los retazos de la obra perdida, idealizando al final la posibilidad de reiniciar la escritura, de escribir sobre usurpadores de identidad, que actúen como falsos ídolos mintiendo y confundiendo la realidad. El poema se extiende como una catarata de premios y babas: “Cómanme y crezcan / hijos / mi lengua es mi fragilidad”, y en efecto produce el deseo de leer más del poeta.


El argentino Garamona opta por la nostalgia de la adolescencia, y reúne 16 poemas donde el número 11 es el más memorioso, de voz que confiesa que “Yo era un punk”, pero ya no lo es más, y sus amigos cambiaron hasta de apodo, y como en un tango moderno evoca el tiempo perdido, saboreando las golpizas con los grupos rivales, cuando se rompían la cara a patadas o se entretenían cazando skinheads racistas. Un relato de la inhibición y el paso del tiempo, que captura.

La idea de los autores y editores es afortunada, porque integra, recupera el sueño de la identidad latinoamericana, y nos brinda a los lectores un medio para medirle el pulso a lo nuevo en la región.





* Publicado originalmente como "Libros mínimos", en El Periódico del 5/10/10