10 jul. 2014

La obra

Toda obra debería ser inclasificable o apenas legible en los términos de una inédita especie animal.

Una escritura es una lectura que supo mutar, afectada por la radioactividad de enfrentarse a lo que la muerta poesía tenía por testimonio. Lo hemos presentido desde siempre, aun cuando muchas veces sucumbimos ante la imposibilidad. 

Nuestro entendimiento lineal del espacio y del tiempo representa un reflejo de esas geometrías euclidianas que muchos antiguos y varios contemporáneos han sabido poner en cuestión a través de grafías que tiznan el cielo, o que ocupan el desierto y las montañas; unas grafías que saben cómo marcar tu cuerpo, el cual, siendo agua y fuego – como el lago de Atitlán y sus volcanes –, completaría la imaginación de los elementos.

Experimentamos la poesía como un exorcismo y un incendio. Ésta es apenas una de las lecciones del gran Lautréamont y su Maldoror. La poesía permite transfigurar a las sombras, enaltecer el deseo, dotarlo de una dignidad empapada de transparencia. Una verdad esencial puede funcionar como la mascarada de algo de mucha menor importancia. Una mentira bien dicha puede transformar al mundo. Lo que parece más obvio, es falso. Lo que parece increíble es lo que realmente pasó. La poesía es ficción. Es algo tan evidente que pocos se atreven a decirlo. La poesía es la ficción más profunda y radical de todas porque es la de inventarse un alma.

A partir del final de esta línea habré comenzado a narrar un nuevo libro, donde se dará cuenta de mi historia y de los secretos del Lector. La distancia más corta entre el texto y los ojos que lo leen es una línea recta dibujada por la poesía. Es así que nace la obra como dimensión paralela y el Lector, con su vida imaginaria, pasa a ser consumido como el portador del lirismo propio de una historia en llamas.  Todo libro debería ser un mapa de las estrellas: así nos lo ha sugerido Mallarmé.

De la misma forma en que la sincopa conecta, casi imperceptiblemente, a una nota musical con otra idéntica que la precede, este libro respira en la intermitencia vigente entre la desaparición y el surgimiento del hecho poético como literatura o como engaño.

(Publicado originalmente en este blog en el año 2010)