9 jul. 2014

Q'abarel balam



Una sola noche me ha permitido recorrer diez años de mi pasado. Bebí cerveza con antiguos espectros que ahora se me aparecen de algún modo más iluminado y rupestre. En la misma noche, un viaje al futuro: compartir estímulos al lado de esos guardianes de la energía que no me abandonará.

Durante una sola noche la vida se representa a sí misma en una síntesis de esplendor. Una noche basta, joyceanamente. Contemplas los ojos de los que no pueden creer que estás frente a ellos otra vez. Es divertido. Miras a otros escapando del monstruo que intentaron construir con tu cuerpo, con tu presencia. Les asusta lo que han intentado hacer de ti.

Otros escapan de esas decisiones que destrozaron su propia historia. Habría que intentar que no nos vuelva a pasar lo mismo. 

A algunos los veo ya sanados, tocados por la gracia de algún tipo de existencia renovadora, a lo mejor transcontinental.

Se siente el deseo por todas partes, mucho deseo, ganas de tocar el cielo de los fluidos.

Las pinturas de los artistas invaden las plazas donde reposan los automóviles más funestos. Las familias de los nuevos conceptualistas consagran los bares que se hicieron populares a fuerza de amor. En una sola noche uno puede inyectarse la energía de esa ciudad que nos negábamos a habitar, por miedo a lo que hemos querido hacer de ella.

Diez años de un pasado que regresa a mostrarnos la voluntad cíclica de las mentes que han deseado conectarse. El amor es un terrible error en la matriz simbólica de nuestra redención; Zizek dice que es la violencia más atroz, monstruosa.

Podemos resumir nuestro fracaso elaborando una elipsis alrededor de las filosofías que nos faltan. El amor es lo que hace fluir a los espectros del tiempo, inclusive cuando sus rostros son la máscara del sufrimiento, o de los calvarios que desearíamos olvidar. Una ciudad es una red de amores fallidos que es capaz de mostrarte, en una sola noche, que la historia que estás escribiendo tiene un sentido arbitrario, aleatorio.

La narración ha comenzado y a ella le es indiferente si podrás controlar el devenir de su portento. Una obra es una noche.

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(Publicado originalmente en este blog en el año 2010)