9 jul. 2014

Shock


El Lector siempre lucirá inerte adentro de las páginas que lo absuelven temporalmente de la realidad. Más tarde revivirá, al cerrar el libro, como si apenas hubiera sufrido un síncope; se pone entonces a beber cerveza, a mirar la televisión, a tener sexo, o a descargar música de Internet, mientras recuerda u olvida lo leído. Algunas veces el Lector decide ponerse a escribir: por arte de magia se siente con la potestad de experimentar de nuevo esa cancelación de su vida, ese shock. A través de la escritura se termina fraguando una contradicción: la poesía se le aparece como un dispositivo viral que le inyecta vitalidad a la carne moribunda de un habla que sólo sabía admirarse en su propio reflejo, impecable, pero falso. Esa voz surge diciendo cosas insólitas, las cuales restablecen los lugares abandonados de la psique. Se consigue una inversión de la imagen inicial: resucita el Lector, quien entonces sale a enfrentar gestas un tanto absurdas, transmutándose en héroe.


(Publicado originalmente en este blog en el 2010)