27 ago. 2014

Apuntes / 14


En la poesía, como en la vida, el berrinche sirve de poco. Un poema intrascendente no se borra con pataleos, apenas encontrará atenuantes si nos conduce hacia el buen poema, porque, bien mirado, un intento lírico fallido así podría servirnos para mostrar el camino recorrido por una forma poética posible –sea clásica o de vanguardia– hasta que consiguió cristalizarse.

Cuando alguien pergeña libros de poesía con insistencia pero sin conseguir que le llamen "poeta", más le valdrá poner atención. Por más berrinches, pataleos, alardes de autoridad o de violencia verbal que ejecute, el poeta jamás conseguirá que el buen poema surja de la nada, mucho menos como consecuencia de su maestría en otras artes.

El buen poema es un territorio inviolable, por más que algunos norteados intenten aniquilarlo, borrarlo, acorrarlarlo, su luminosa estructura siempre resistirá. Patada, pujido, alegato, manada o arrebato, todo será inútil. Es por eso que el valor de un buen poema resulta tan alto, a pesar de su aparente fragilidad.