15 ago. 2014

Apuntes / 4


Decidí cerrar este blog con una última serie de apuntes. Finalmente decidí darle a esta bitácora –porque las cosas, por muy virtuales que sean, también tienen deseos– lo que siempre me pidió y no le había querido, o no le había podido dar.

Un último racimo de notas banales para dejar las manos calientes. Un último vistazo a lo que construí como el escaparate para la figura de un elusivo autor.

Seguiré escribiendo en los formatos análogos, es decir, en la inveterada hoja de papel, como un deber marcial frente a la comandancia de la página en blanco.

Por alguna razón un tanto arcana, durante un tiempo sentí que necesitaba someter este entrenamiento a la supervisión de los lectores que van por ahí como náufragos, o como piratas ciberespaciales del deseo de escribir. Ahora, en cambio, siento que si dedico mi tiempo a mostrarles todas mis anotaciones sin importancia, podría dejar petrificadas las nuevas manos que me han nacido para escribir los libros que antes perdí, o que se quedaron flotando en el mar desolado del ciberespacio. 

Seré el traficante invisible de mi propia escritura. Ejecutaré el trasiego fantasmal de mis palabras, ahora transcritas por el personaje que se apropió de mis viejas manos para hacer una fogata, sí, ese mismo personaje incendiario que escribe mi autobiografía en algún universo paralelo.

Se ha terminado el suministro virtual para esta bitácora. Las hojas de papel de todos mis cuadernos de apuntes celebrarán pronto mi retorno, desde ya alcanzo a escuchar los vítores de los dioses análogos. Como dijo cierto personaje, al calor de los tragos, en El Señor Presidente: "la que es puta, vuelve". Y con diente de oro, habría que agregar.