17 ago. 2014

Apuntes / 6



No sé a quiénes les podrían interesar estos apuntes. He ahí un verdadero misterio.

No sé a quién le puede interesar lo que apunta alguien que le apunta a entrenar las manos que más tarde usará para escribir. Porque tampoco creo que los apuntes sean la escritura en sí misma, sino más bien lo que está antes de la escritura. O lo que está después de la escritura que permanece invisible, me refiero a esa jungla imaginaria que todavía no consiguió instalar su desmesura entre las cálidas pastas de un libro.

Siempre ha sido un misterio para mí que exista alguien interesado en lo que uno escribe. Si lo piensan bien, es algo mágico, aunque de cierto modo también es un asunto un tanto absurdo. Resulta ocioso querer averiguarlo, sin embargo en estos tiempos ya no se sabe si te leen por placer o porque el chip del Big Brother les ha quedado finamente instalado en la psique.

La curiosidad mató al gato, es verdad, mas no hay que olvidar que todo gato que se precie tiene siete vidas. Incluso el gato de Schrödinger tiene por lo menos siete maneras de relampaguear entre la lectura y la no lectura. Digámoslo así.

Lo anterior me lleva directamente al siguiente apunte: el número 7.