10 abr. 2014

La letra T (Los apuntes del tacuazín)

   


La fábula es lo supremo y casi el alma de la tragedia. 

Aristóteles
 

Primer apunte 

Presentaré aquí los apuntes para una investigación sobre la obra de Augusto Monterroso, anotados por el que firma en una libreta británica de la marca Sukie ®, en cuya portada puede leerse el título "My first novel".

Por momentos estos apuntes podrían tomar la forma de un ensayo, aunque más por el empuje de cierta inercia literaria que por la ejecución de un diseño predeterminado. Las proyecciones de un potencial trabajo científico me resultaron abrumadoras y no me quedó más opción que echar mano de este recurso, no del todo elegante.

Debo aclarar que las hipótesis que me planteaba nunca pasaron de la fase exploratoria. Las pensé, en su mayoría, tomando como fuente primaria los libros La oveja negra y demás fábulas y Tríptico.[1] También leí otras obras de Monterroso, como Los buscadores de oro, Pájaros de Hispanoamérica y Obras completas y otros cuentos, sin embargo, su aporte a estos apuntes siempre lo consideré menor.

Mi intención inicial era comparar las aristotélicas fieras monterrosianas [2] con los animales fantásticos de otros escritores,[3] quizás con la pretensión de establecer una posible 'anima'[4] de los textos: un 'devenir animal’[5] que determinaría no solamente el estilo, sino también la orientación ideológica de lo escrito. Al mismo tiempo, me habría gustado relacionar el bestiario de Monterroso con la galería zoomística[6] de los pueblos originarios mesoamericanos, con el objetivo de mostrar cómo podría haber mutado una obra literaria en atención a las formas y características de una fauna cultural distinta.

Como resultado de tales comparaciones se habría desarrollado una lectura en donde la morfología biológica encontraría resonancias en la morfología estructural de la ficción,[7] del mismo modo en que podemos derivar conductas o razonamientos humanos a partir de las características que observamos en un animal.

No me tomó mucho tiempo darme cuenta de que tales propósitos excedían mis capacidades. Fue por eso que consideré conveniente aceptar que mi verdadero deseo era el de crear mi propio perfil animal, a lo mejor a través de un bestiario privado. El proyecto de investigación sobre Monterroso había sido apenas una forma de sublimar una obra que venía aplazando a lo largo del tiempo, siempre interrumpido por mis poemas, por mis pequeños relatos de aprendiz, o por esas novelas demasiado ambiciosas e imposibles de ejecutar que con frecuencia soñaba.


Segundo apunte

Entre mis apuntes aparecen algunas hipótesis inteligentes, otras estúpidas, otras ambiguas, y otras que son de algún interés aunque resulten indemostrables.

Una de esas hipótesis (que no sabría cómo clasificar) postula poner por caso que Monterroso no visitaba el moderno zoológico de Chapultepec,[8] sino que para escribir La oveja negra y demás fábulas, el autor utilizaba la descripción de uno de los zoológicos de Moctezuma Xocoyotzin, gobernante del imperio azteca de 1502 a 1520.

Buena parte de las fieras podría ser la misma en ambos confinamientos, así que valdría la pena concentrarse en la arqueofauna, es decir, habría que poner el ojo en aquellos animales que pueden considerarse propiamente endémicos de la zona del autor desde la época precolombina.[9]

El zopilote, por ejemplo. Un oscuro picoteador de textos muertos. Eso alcanzo a imaginar, un autor que se alimenta de los restos de una creación literaria sin vida, dejada en los huesos por algún crítico cruel.

En la tradición de la novela psicozoológica de Rafael Arévalo Martínez,[10] uno podría caer en la tentación de transformar en bestia a un enemigo. Un detractor literario visto como un grotesco tapir, una ex novia enfurecida convertida en una fría lagartija que regurgita su abandono. La literatura suele acometer este tipo de experimentos con la crueldad.[11]

En el caso de Tito Monterroso, su elegancia clásica lo previno siempre de cualquier exabrupto paródico. Imaginemos entonces cómo se desarrollaría la fabulación de un quetzal humanizado: ¿nos hablaría Tito de un soberano pero leve zarpazo de jade, o más bien evitaría tales excesos poéticos?

En el totocallli se encontraba encerrado el ratón meteorito (Microtus quasiater), a la espera del autor que lo pudiera transformar en el súper héroe infantil que su nombre profetiza. ¿Cuál enseñanza moral escondería ese pequeño roedor punketo?

La inverosímil fábula del huachinango sorprendería al propio Esopo,[12] por su colorido y la riqueza de sus candorosos matices. Es la historia de un pez que desea dejar de ser pescado por deporte (pues esto conlleva la constante humillación de ser devuelto al agua) y que tan sólo anhela terminar dignamente cocinado a la veracruzana.

¡Acaben de una buena vez con esto, pardiez!

El tlacuache azteca es el mismo tacuazín maya que se ocupa de tiznar el cielo para que acontezca el crepúsculo, tal como lo cuenta el preámbulo del Popol Vuh. Es un pintor marsupial que se encarga de ocultar la luz, un conceptualista[13] avant la lettre, decepcionado porque los críticos no respetan la oscura iluminación que provoca su arte.

Y así deben de haber millares de animales esperando su ficción, semejantes a aquellos famosos personajes a la espera de su autor.[14] 

¿Quién se atreverá a escribir la fábula del zompopo y el inframundo?[15]


Pequeño apunte sobre el nahual de Tito

El colibrí es el nahual[16] de Augusto Monterroso. Esto lo descubrí al consultarlo en una de esas páginas techno-místicas que pululan por la Web. Hablamos del signo 7 I’q, relacionado con el "viento creativo“[17] que encarna en un animal pequeño pero de poderoso motor, sí, el mismo picaflor que podría funcionar como un emblema[18] alado de la brevedad contundente.

El viento que impulsa un movimiento perpetuo, tal es el nahual de Tito.[19]

Este hallazgo me ha hecho creer que mis apuntes serán también el inicio de mi bestiario personal o, para el caso, de una autobiografía animal: el relato de un hombre que decide incorporar las habilidades asignadas a su nahual, a modo de sobrevivir en la selva de la literatura. Una transformación que se vive como una fábula en tiempo real, un particular drama em gente.


Nota al margen

Hemos podido sobrevivir (el plural, como vemos, no es mayestático) al Apocalipsis transfigurado en las literaturas mutantes[20] y los delirios monstruosos de las ficciones del último tiempo.[21] El fin del mundo sucedió hace poco[22] (contrario a lo que se dice, los mayas acertaron), y ahora pastamos por las auroras de un mundo más salvaje y más bello.

Terminó la prehistoria. Ha comenzado la era de las escrituras totales. De las lecturas vivas. Todo eso se dice, o se deja de decir, en los suplementos de cultura.

Lo que llamamos "realidad"[23] ha alcanzado tal grado de monstruosidad[24] (es decir, de ilegibilidad) que incluso provocó ya la resurrección de géneros impopulares como la crónica y la poesía. Basta asomarse a las redes sociales y a las revistas on line: los poetas y los cronistas son los muertos redivivos que desean devorarse el cerebro de la ficción.

Algunos ensayistas afirman que la ficción,[25] en este marco histórico, ha dejado de ser necesaria. Sin embargo tal certeza no es más que otra ficción,[26] apenas una más entre las miles de serpientes que se muerden la cola mientras siguen girando en una espiral fractalizada.

Me atrevo a sugerir que los géneros literarios que están por aparecer (o que surgen sin que nos demos cuenta), son los géneros literarios extraterrestres. Hablo en sentido figurado, por supuesto, nomás para referirme a esa literatura que se escribe en aquellos mundos perceptibles solamente en la propia lectura.

Autoficción fantástica: ya no se trataría de una literatura que da cuenta de lo fantástico, sino de escrituras y lecturas producidas por seres en conflicto con lo que consideramos "humano". Metaciencia ficción: obras literarias que se conectan entre planetas sospechados e insospechados; o formas alienígenas de lectura que serían imaginadas por el trance de la escritura terrestre. Géneros inexistentes que emplean estilos ensayados en otra dimensión, apenas atisbados por nuestra limitada capacidad de leer.

Ya lo había dicho un poeta beat:[27] el lenguaje es un virus que aterrizó en el mismo meteoro que acabó con los dinosaurios[28] (los cuales, por cierto, todavía están ahí).[29]

Pronto leeremos las crónicas terrícolas que leerán los marcianos del futuro o del pasado. Porque hay literaturas extraterrestres[30] e, incluso, existe ya una filosofía extraterrestre en la obra de Stanislaw Lem. Es un secreto a roces: ellos están entre nosotros.[31] La autoficción del mañana será el testimonio realista del alienígena que nos parasita. Su escritura también será el relato del viaje que hemos olvidado.

¿El espacio exterior es eso que está afuera del libro?
      


           And yet

Mientras escribía la anterior nota al margen, comenzó a sonar (dejé puesta una radio virtual en random) el tema "And yet" de Sting.[32]

En uno de los últimos estribillos dice el cantor, con ardorosa suavidad: "my head must be in outer space".



Apunte onírico

Durante la transcripción de estos apuntes comenzó otra batalla en mi fuero interno:[33] la posibilidad de escribir un bestiario privado se confrontó con la irrupción imprevista de unos sueños de contenido literario que buscaban proponerme otra (¿imaginaria?) ruta de investigación.

Uno de esos extraños sueños me presentó un texto de Augusto Monterroso, en donde el autor nacido en Tegucigalpa sugería que la literatura de la borgiana región de  Tlön[34] habría sido escrita por unos autores poseídos por sus dobles manifestados, de modo furtivo o clandestino, en este mundo.[35] Dicho texto anunciaba también que muy pronto seríamos capaces de leer las historias perdidas durante la migración por el estrecho de Bering y que la literatura se terminaría de afirmar como la arqueología de nuestro propio misterio.

El deseo de una investigación sobre Monterroso renacía en mí, al lado de unos límites nuevos, ¿pero de qué modo podría incluir esas admoniciones en un proyecto que se quiere científico?, ¿cómo podría citar como fuente un "texto onírico"?

Estoy seguro de que el texto soñado no era una creación mía haciéndose pasar por obra de Augusto Monterroso. El estilo lo dejaba claro, tanto el ritmo como las palabras resultaban ajenas a las formas y tropos que intento cultivar. Digámoslo sin ambages: una sola frase del texto del sueño bastaría para aniquilar el arrumbado total de mi obra.

El hecho de que me resulte imposible reproducir aquí el texto de Monterroso, lo considero prueba suficiente de su autoría.[36] Sin embargo, no quisiera presentarme como un médium que se ha podido comunicar con el espíritu de nuestro autor. El sueño carecía de cualquier elemento místico, poseía más bien una simplísima ambientación doméstica. No era otra cosa que una página escrita a máquina, extendida sobre una mesa de madera.

El único misterio lo proporcionaba la ejecución decididamente monterrosiana[37] del texto leído por mi inconsciente. No existía ninguna intención mesiánica, ni contenía ningún tipo de dedicatoria especial. Por lo demás, durante la lectura onírica no me sentí favorecido o elegido, no me creí depositario de ningún saber secreto. Creía estar despierto leyendo un cuento de Augusto Monterroso; realizaba una tarea rutinaria para el desarrollo de una investigación sobre los animales contenidos en su obra; y recuerdo que al despertar no me quedó más remedio que leer de nuevo todos sus libros, línea por línea, a la caza de los rastros de ese particular texto sobre las literaturas de Tlön[38] y el ancestral estrecho de Bering.[39]

Debido a la naturaleza surreal de esa búsqueda, mi estampa no era más la de un investigador literario, sino la de uno de aquellos detectives con lupa y gabán que encontramos en las películas o en los dibujos animados: un inspector que lo lee todo hasta caer rendido (tres días después y tras una sobredosis de café), decepcionado por no haber encontrado nada, feliz de no haber encontrado el bendito relato fantasma.


Otra nota al margen: ¿red o poder?

Todavía no conozco a Pedro Poitevin, ni a Aurelio Asiain, ni a Merlina Acevedo, admirables maestros en el arte de meterle reversa a la frase y a la oración. Supongo que me los encontraré, más tarde o más temprano, en algún lugar de algún grande o pequeño país.

Si los menciono por acá, es porque Tito Monterroso los contaría, sin lugar a dudas, en su parnaso del palíndromo.

No consignaré ahora ninguna gema de estos tres mosqueteros, pues me costaría demasiado decidir cuáles son sus mejores hallazgos: hacen palíndromos infinitos, además de enrevesadas, largas y afiladas variaciones, sumadas a esos verdaderos portentos que van rimados o en metro clásico. Pueden comprobarlo en sus cuentas de Twitter: @poitevin, @aasiain, @MerlinaAcevedo.

Algo les he aprendido, aunque mi cosecha palindrómica personal es más bien modesta, como cabe suponer. Me basta imaginar que se me considera un aficionado con buen empuje para la difusión de la palabra revertida.

Pura y constante es mi pasión: desde la adolescencia vengo soñando con inventar un palíndromo, sin otro objetivo que poder incluirlo en un libro lleno de ensayos librescos como los que me entretenían aquellas lejanas tardes.

Vaya dicha la de poder cumplir mi sueño adolescente (por triplicado):


¿O da luz a la miel? ¿Leí mal? ¿Azulado?

–Yo hago y amo...
–¡La pija acaramelas y educas! ¡Sacude y sale, maraca! ¡Ají, paloma!
–Yoga hoy...

¿Red o poder?



Más apuntes

Es hora de volver a mis apuntes sobre la obra de Augusto Monterroso, consignados en una libreta británica de la marca Sukie ®.

Abandoné ya cualquier proyecto científico sobre su obra y, a estas alturas, creo que tampoco tengo fuerzas para iniciar ningún bestiario o autobiografía animal. Ciencia y literatura fueron derrotadas por el caos que se transfigura en una simple libreta de apuntes.

El movimiento perpetuo[40] del caos, eso es lo que dirige este asedio. El mismo movimiento que ha empujado mis manos a una velocidad tal que han conseguido materializar un pequeño compilado de apuntes. El mismo viento que ha soplado con la fuerza necesaria para transformar el viejo plan de una novela, en un ensayo transgénero. Un ciclón va enrollando los planes de una germinal autoficción,[41] los hace girar hasta que se escribe un asedio al arquetipo literario de la brevedad.

Un anciano viento milenario sopló tan fuerte que le puso alas al ratón meteorito. Ese murciélago inédito batió sus alas con tal enjundia que se inició un huracán en los albores del tiempo. Su violencia fue a golpear en el lejano origen de las especies: así brotó el ornitorrinco.[42]

Se trata del mismo viento que ahora me devuelve a mi primer apunte, ahí donde sugería que si Monterroso hubiera elegido otros animales (pongamos, por ejemplo, el elenco zoomístico mesoamericano), el estilo de sus textos (y no sólo de sus fábulas) habría sido completamente distinto, habría mutado de una forma casi imposible de imaginar.[43]

Y que quede claro que no me refiero a los contenidos, o a las historias, sino a la estructura escogida o creada, el lenguaje como soporte vivo, los propios recursos estilísticos característicos de una obra. ¿No encerrará cada forma animal también un estilo literario, del mismo modo en que los animales concentran múltiples aspectos simbólicos de nuestra personalidad?[44] 

O quizás sólo estoy exagerando, así suele suceder con los apuntes: ahí uno puede colocarlo todo, no hace falta comprobación, cualquier sospecha es capaz de incubar la energía suficiente para tomar posesión de la página. En la libreta de apuntes uno puede dibujar una abeja y hacerla volar con un suave golpe del lápiz. Los teléfonos de nuestras amistades conviven con esos aforismos de Montaigne que seguimos borroneando con el embeleso de una desesperanzada pedagogía. La libreta de apuntes es un género literario que, a su modo, implica la pureza del caos absoluto.[45]

Porque es cierto que pude haber escrito un artículo[46] sobre la relación entre los animales de Monterroso y las bestias fantásticas de Borges, algunas de ellas consignadas también en cierta guía para encontrar animales de fantasía escrita por el pícaro de Newt Scamander. Ése sí habría sido un proyecto adecuado a mis capacidades, por supuesto.

También pude haber aprovechado mis recientes visitas al zoológico de Leipzig,[47] para comparar las fábulas monterrosianas con mis propias observaciones de la fauna[48] ahí recluida.



Último apunte en la libreta Sukie ® (de la serie de libretas "My first novel")

Al hacer una revisión definitiva de mis apuntes (con la moribunda esperanza de escribir un ensayo como la gente), percibí cierta insistencia enferma con el tema de las fuentes imposibles. Se nota que no he sabido asimilar el texto fantasma de Augusto Monterroso,[49] que no sé cómo explicármelo, y que no entiendo qué sentido puede tener haberlo leído durante el sueño. Tampoco encontré ninguna manera plausible de demostrar que tal texto[50]  se corresponde con una fiel hechura del autor de La oveja negra y demás fábulas.

La única opción que me queda (para darle alguna utilidad a dicha fuente), sería recordar aquel escrito palabra por palabra, apostándole a cautivar a los lectores a través de un singular golpe de efecto. Pero tendría que transcribirlo todo durante un trance hipnótico,[51] o algo por el estilo, así que mejor por aquí la dejamos.

                                                                                                       


        [1] Tríptico es el nombre de una compilación que incluye los libros La palabra mágica, Movimiento perpetuo y La letra e. 
[2] Para encontrar una reflexión sobre la relación entre animalidad y escritura, además de la función de la mosca como agente vectorizador del estilo literario en Augusto Monterroso, véase: Sánchez Martínez, José Alberto. "Escritura y vuelo: la palabra-mosca en Movimiento perpetuo de Augusto Monterroso", Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid, 2009. http://www.ucm.es/info/especulo/numero41/pamosca.html 
[3] Me interesaban, particularmente, Jorge Luis Borges y Newt Scamander.
[4] La idea del ánima (o alma) de las cosas, está presente tanto en Aristóteles como en diversas corrientes del ancestral nahualismo mesoamericano.
[5] Más que un mimetismo con el animal, Deleuze y Guattari (Capitalisme et schizophrenie, t.2, Mille plateaux, Francia, Editions de Minuit, 1980, p. 340) proponen la incorporación literaria de la animalidad en cuanto pulsión producida por una manada. Este concepto evoca al instinto de supervivencia que posee cada especie. Véase también: Dittmar, Pierre-Olivier y Thomas Golsenne. « Note sur le devenir-animal », éditions papiers - laboratoire, subido el 18/05/2008, http://www.editionspapiers.org/laboratoire/note-sur-le-devenir-animal
[6] Me refiero tanto a la fauna natural como a las especies fantásticas (alebrijes y otros).
[7] Aquí me muestro influido por los estudios de Vladimir Propp (Morfología del cuento, México, Colofón, 1999, p. 7).
[8] Así lo indica en el preámbulo de La oveja negra y demás fábulas (México, Joaquín Mortiz, 1998, p. 2).
[9] Arqueofauna consultada en: Sugiyama, Nawa, et al. "El zoológico de Moctezuma: mito o realidad". AMMVEPE, Vol. 20, No.2. Marzo-abril 2009, p. 28-39.
[10] Existe un debate medio mitológico al respecto. Algunos críticos consideran que el autor de El hombre que parecía un caballo y otros cuentos, ha sido el inventor del género psicozoológico. Su contendiente en este vaporoso pleito es Franz Kafka.
[11] En el laboratorio monterrosiano, el autor es el propio bicho de su experimento.
[12] De acuerdo con Monterroso (Tríptico, México, Fondo de Cultura Económica, 1995:186), "Si no fuera malo, el mundo se regiría por las fábulas de Esopo".
[13] En la conocida versión de Adrián Recinos (Popol Vuh: las antiguas historias del quiché, México, Fondo de Cultura Económica, 1953, p. 82) del Popol Vuh, aparece el tacuazín (wuch, así llamado) como la deidad del amanecer. En la versión de Sam Colop (Popol Wuj. Traducción al español y notas de Sam Colop, Guatemala, Cholsamaj, 2008, p. 21), se asocia al tacuazín con la "deidad que oscurece el cielo antes del amanecer".
[14] Propongo una primera definición de la fábula fantasma: una historia espectral cuya moraleja todavía no toma cuerpo en el papel.
[15] La palabra "zompopo" –hormiga gigante, en lengua maya– tiene una curiosa similitud con la palabra "psychopomp", el nombre anglosajón de los espíritus que guían a las almas en su paso por el inframundo. El perrozompopo, por su parte, es una especie de salamandra de la región Xolotlán de los nicaraos. Un bicho parecido al axolotl mexica, nativo de Xochimilco. El perrozompopo gusta de tirar besos. También ladra. Estas habilidades las manifiesta para mostrarnos su capacidad de trasladar su alma de una especie a otra. Esto nos recuerda, asimismo, a su primo azteca, el axolotol, quien a través del miedo a la muerte –que es una transformación total– aprende el arte de las pequeñas mutaciones, regenera muñones y corazón, con gran talento. Es importante anotar que uno de los más prestigiosos especialistas en animales imaginarios, Newt Scamander, ha indicado que todas las salamandras viven en el fuego, ya que son fieras de inframundo. Leonardo da Vinci –referido por Jorge Luis Borges en su Manual de zoología fantástica (México, Fondo de Cultura Económica, 1957/1998, p. 132)– aseguró que las salamandras se alimentan de fuego. Asegura que lo usan para cambiar de piel.
[16] El nahual es la fiera arquetípica o energía de la naturaleza (como el agua o el fuego) que los pueblos mesoamericanos consideran guía, o compañera del ser humano. Véase:Carlos Barrios, Ch’umilal Wuj. El libro del destino, Guatemala, 2004, p. 108.
[17] Ibid. p. 191.
[18] Me pregunto si Monterroso no prefirió a la mosca por sobre el colibrí, en un alarde más de su sempiterna humildad.
[19] El nahual I’q también podría resumirse materialmente en una mariposa. Su glifo nos recuerda a una letra "T" (¿de Tito?)... Ver imagen incluida en anexo.
[20] El escritor Ezequiel Martínez publicó un artículo en donde denomina "literatura mutante" a cierta "narrativa experimental que navega entre lo grupal y lo virtual". Considera que esta literatura manufacturada a varias manos y a través de las redes sociales, "está condenada a un futuro imperfecto. Un autor no sólo le pone su pasado y su presente a lo que escribe sino sobre todo su alma, única e indivisa. Y lo que no tiene alma está condenado a morir antes de haber nacido". Véase: Martínez, Ezequiel. "Literaturas mutantes". Revista Ñ, 22/03/2011. http://www.revistaenie.clarin.com/literatura/Literaturas_mutantes_0_448755363.html
[21] En la actualidad, la literatura, el arte y el cine de zombis y mutantes experimentan un inusitado boom global.
[22] Una vez tuiteé: "El fin del mundo ya pasó, lo que pasa es que ahora estamos en el after party".
[23] Philip K. Dick dijo que la realidad era "aquello que sigue estando ahí cuando dejas de creer en ella". Ver: K. Dick, Philip. "How to Build a Universe That Doesn't Fall Apart Two Days Later", 1978.  url: http://deoxy.org/pkd_how2build.htm.
[24] Eduardo Angulo establece que la criptozoología, o sea, el estudio de los animales ocultos, "conlleva dos deseos inalcanzables: encontrar sus elusivas criaturas y conseguir que los hallazgos sean aceptados" (Monstruos. Una visión científica de la criptozoología, Madrid, 451 Editores, 2001, p. 12).
[25] La capacidad de fabular es eterna, porque vive en el fuego. Algunos aseguran que fue el mismo Quetzalcoatl –llamado también Gucumatz, serpiente emplumada– quien liberó el fuego escondido bajo la tierra. Este liberador del fuego es llamado Funzi en África y Prometeo en Europa.
[26] Me gusta pensar que no existe ninguna realidad, sino más bien una "ficción hegemónica" en conflicto con otras "ficciones subversivas".
[27] No recuerdo cuál de todos.
[28] Siempre que se piensa en el famoso dinosaurio de la microficción (ese que custodia el sueño de la historia), se acude a la imagen de un tiránico Tiranosaurio Rex, emblema reptílico de los totalitarismos del Siglo XX. No obstante, yo preferiría concederle la estampa del arqueópterix, aquel transicional réptil alado: la configuración paleontológica del mito del Quetzalcoatl y de los dragones célticos o chinos, símbolos duraderos y transculturales de la evolución de la vida.
[29] Hay quienes dicen que Quetzalcoatl, la magnífica serpiente emplumada, es el propio desenterrador del fuego de la ficción. Sin embargo, dada su calidad infraterrena, yo me inclinaría más por identificar a Tezcatlipoca (gemelo maligno de Quetzalcoatl, su espejo oscurecido) como el que extrajo el fuego del subsuelo y lo llevó a la superficie. Quizás lo hizo transformado en jaguar, pues esta fiera es el nahual de Tezcatlipoca.
[30] No estoy seguro de que el arte sea un atributo exclusivamente humano. Esto lo digo ante el estupor que me han producido unos mandalas creados por ciertos peces japoneses, cuyos hermosos diseños fueron trazados en la arena submarina. Al inicio, muchos llegaron a creer que se trataba de mensajes extraterrestres. Esto me hizo pensar que quizás los alienígenas no son otra cosa que los animales que han aprendido a escaparse de nuestra mirada. Para ver el video con los peces creadores de arte mandálico, ir al anexo del final de este documento.
[31] La ficción es la única prueba concreta de la existencia de los universos paralelos.
[32] "Sting" en inglés significa "aguijón".
[33] Aparte de la batalla entre la investigación abortada y los propios apuntes, claro está.
[34] Borges cuenta que en Tlön "la crítica suele inventar autores" (Ficciones, Madrid, Alianza Editorial, 2001, p. 31).
[35] En cuanto al mundo, Monterroso ha citado a Ferrater Mora: "El mundo titulado 'real' puede ser considerado como un mundo 'exterior', en el cual los seres humanos –aunque son una parte de este mundo– se topan y en el cual viven" (Tríptico, op. cit., p. 341).
[36] Esto parece una pobre variación del Pierre Menard (Borges, Ficciones, op. cit., p. 47), lo sé.
[37] Un estilo configurado por las ya citadas „palabras-mosca“, a las que se refiere el académico José Alberto Sánchez Martínez.
[38] Hace unos años, el escritor chileno Sergio Meier publicó La segunda enciclopedia de Tlön, misma que me atrevería a incluir entre las obras escritas por los aquí mentados "dobles de otro mundo".
[39] Al parecer, existen ya varias novelas al respecto.
[40] Así lo sintetiza Monterroso: "La vida no es un ensayo, aunque tratemos muchas cosas; no es un cuento, aunque inventemos muchas cosas; no es un poema, aunque soñemos muchas cosas. El ensayo del cuento del poema de la vida es un movimiento perpetuo; eso es, un movimiento perpetuo" (Tríptico, op. cit., p. 23).
[41] El deseo de escribir una novela en clave de autoficción me sobrevino al encontrarme representado como un personaje secundario de la extraordinaria Canción de tumba de Julián Herbert (México, Mondadori, 2012, p. 198).
[42] María Alzira Brum propone al ornitorrinco como un animal modélico (o arquetípico) para un novedoso tipo de ficción, basada en "el diseño de conexiones, la entropía y el pulido adecuado del cristal". Su libro La orden secreta de los ornitorrincos (Perú, Borrador, 2009, p. 74) surgió como una consecuencia involuntaria de la voraz observación de cierto ornitorrinco mantenido en cautiverio. Entre los apuntes dejados afuera de su novela, puede leerse "mi mascota salvaje no sólo reúne un mamífero, un reptil y un ave; también incluye el alma de una fabuladora brasileña que se expresa en español y que sueña con las mismas mariposas que coleccionaba Nabokov".
[43] He llegado a sentir que La metamorfosis fue escrita por el propio Gregor Samsa.
[44] Divago (di, vago): ¿no habrá, por lo menos, la potencialidad de un género literario por cada ser viviente?
[45] Si nos damos cuenta, en estas páginas he ejecutado algo más que una mera transcripción, así que mis apuntes no aparecerán con esa pureza a la que me refiero. ¿He ficcionalizado el contenido de mi libreta?
[46] En algún momento fantaseé con escribir un artículo académico, cuyas citas funcionaran como "el inframundo o el infierno del texto". En dicha estructura secreta (como un discreto homenaje al mundo medieval), el texto sería el purgatorio y el cielo sería la mente del lector.
[47] Pasé seis meses inolvidables en la bella ciudad de Leipzig, tan querida para el poeta Schiller. Debo aclarar que no frecuentaba nada más el zoológico, sino también múltiples espectáculos teatrales y musicales.
[48] Comencé mis visitas al zoológico de Leipzig poco antes de mudarme a Berlín, en donde iniciaría la escritura de una tesis doctoral sobre ciencia ficción latinoamericana. En mi proyecto de investigación he coqueteado ya con algunas teorías que vinculan a la literatura con los saberes necesarios para la supervivencia (Ette, Del macrocosmos al microrrelato. Nuevas perspectivas transareales) y para la construcción narrativa de la realidad (Brunner, "The narrative construction of reality").
[49] El que soñé.
[50] Si bien el tono tenía algo como de ciencia ficción (un género que Monterroso no cultivó), el estilo, la prosodia y los particularísimos tropos pertenecían, sin duda, al autor aquí asediado. Podría tratarse de un texto que jamás se publicó, un texto borrado o incluso quemado, un registro muerto que sigue flotando en el hiperespacio del inconsciente colectivo.
[51] Buceando un poco más entre mis apuntes, encontré el relato de otro sueño: yo pagaba las entradas para un concierto de música al aire libre y el dependiente me devolvía, a propósito, más dinero del que debía darme; detrás de mí venía Augusto Monterroso y protestaba, indignado, ante la contundencia del "error"; le farfullaba algo al risueño dependiente que nos guiñaba el ojo. ¿Habré soñado una pesadilla de nuestro autor?



Anexos

Peces artistas: http://newswatch.nationalgeographic.com/2013/08/15/whats-this-mysterious-circle-on-the-seafloor/ 

Imagen: http://www.gandhi.com.mx/index.cfm/id/Producto/dept/Libros/pid/894489