22/8/2014

Pequeñas propuestas para el nuevo milenio

Que cada quien forme su banda de rock imaginaria. 

Que cada quien se haga cargo de sus lecturas.

Que cada quien se responsabilice de sus propios sueños.

Que cada quien se haga cargo de su fantasía y de su delirio.

Que cada quien escoja el animal en que desea transformarse (o transmogrificarse).

Que cada quien escoja la teleserie que nunca verá.

Que cada quien diseñe el playlist de sus viajes.

Que cada quien escriba sus apuntes donde más le guste.

Que cada quien se responsabilice de sus alegres interpretaciones.


20/8/2014

Apuntes / 11 (Falso tuit)


Estaba escribiendo un artículo pero lo mandé por un tubo (de ensayo).

Apuntes / 10


A lo largo del último período me he visto sumergido en un conflicto interesante: el escaso tiempo que tengo disponible para la escritura creativa se lo disputan dos estilos muy distintos de concebir la poesía. Son (por lo menos) dos estilos que siento igualmente míos y que por momentos alcanzan una tregua, se estrechan la mano, se saludan, se besan, se entremezclan, cualquiera diría que están locos por entregarse a una orgía literaria que podría engendrar endemoniados frutos.

El diagnóstico malintencionado dirá: “esquizofrenia”. Un diagnóstico más conveniente dirá: “experimentalismo”. La verdad es que quién sabe, a estas alturas lo único que me va quedando en claro es que no puedo evitar la disyuntiva.

¿Se tratará de una confrontación que busca orientarme hacia la necesaria hecatombe (iba a decir “eclosión” pero me arrepentí a último segundo) de eso que hasta ahora entendí como poesía?



(Implementos prestados por un escritor amigo)


La solución puede ser que lo que venía escribiendo estos últimos años, con un estilo pretendidamente unitario, termine por encallar en un libro más bien corto, unos 30 poemas guarecidos bajo el título de Siembra de lector. Hablo aquí de un estilo que aspira a cierta claridad, en donde los enrevesamientos son apenas una señal de alerta sobre la fragilidad del lenguaje.

Lo otro, lo que viene del fondo de la locura, parece ir ganando terreno en estos momentos. Puede ser una falsa alarma, nunca se sabe a ciencia cierta, sin embargo se le siente con fuerza, exige su momentum, me pide que no lo deje escapar, me exige que se le abra un espacio tan abrasivo como imaginario, que se le reconozca su empuje absolutamente descoyuntado, hablo de un estilo que pareciera darse a la fuga nomás para mostrarme que la iluminación de toda poesía proviene de su sombra prendida de fuegos artificiales.

Pero existe una tercera vía, claro está, la opción de mezclarlo todo como en un tubo de ensayo para ver qué es lo que pasa. Pienso que a lo mejor un estilo no necesita abolir al otro, no lo sé, a lo mejor lo que se necesita es que de un conflicto surja siempre algo ulterior que venga a superar a esas dos fuerzas que en su necedad ansiaron chocar.
  
Ya veremos.

19/8/2014

Apuntes / 9


He retomado mi libro de poemas, hasta el momento tengo 15 corregidos. Todos estos poemas nuevos, o la mayoría, no recuerdo bien, los incluí en una selección titulada Pasan poesía en la televisión apagada que presenta otros 20 poemas viejos –los más aceptables que he escrito, podría decirse–, publicada el año pasado en Ecuador

Todavía no sé si el nombre de este libro será Siembra de lector o si usaré una variación del título de la antología recién editada, por ejemplo, Pasan poesía en un cine incendiado. Ya veremos.

Lo que siempre supe es que estaba mintiendo cuando dije “He aprendido a escribir poemas”. Uno nunca aprende, los poemas lo agarran a uno en curva y apenas muestran un aspecto de la sombra del lenguaje o se mueren soñando que son la luz.   

Ahora trabajo en este poema. Todavía no sé qué es lo que le falta, pero algo le falta. No sé:


Libélulas

No puedo dejar de ser lo que nunca he sido,
No te conviene, es mejor que todo siga igual,
Piénsalo, así podría ser lo que jamás seré,
Es mejor quedarse vacío como un poste de luz,
Ya sé que está apagado, por eso mi cabeza
Se parece a una bombilla rota vuelta lumbre,
Mírame, no puedo ser lo que ves que no soy,
Mis ojos resplandecen en tus ojos (un deseo,
Una oscuridad muy parecida a los colores),
Y es como irse creando con el movimiento
De tus párpados sacudidos como libélulas:
No puedo ser una especie nueva de insecto,
No podré serlo durante el próximo milenio,
Quizás en otra vida, en otro mundo, en otro
Sueño donde me hayas dejado de soñar,
Puede que ahí me convierta en un reflejo,
En una desviación de la realidad, en algo,
En cualquier cosa iluminada por tu voz.


18/8/2014

Apuntes / 8


Cada proyecto de escritura es un proyecto de vida. Si no se le encara de este modo, no hay forma de ganar la energía para sobrellevarlo.
Por un lado sentimos la urgencia de plasmar el registro de un determinado estado de ese universo que fluctúa incesante al interior de la mente. Emociona porque se trata de una energía vital que está relacionada con la aventura. Por otro lado está el resorte de la paciencia que la poesía nos ha enseñado: saber esperar, saber aguantar como Li Po hasta el momento justo en que irrumpe la revelación de una figura esencial. Examinada así, es verdad que la escritura se parece un poco al vaivén de la vida, entre la inmadurez tan sabrosa y la sabiduría tan rica.
De lo que hasta aquí he aprendido, puedo decir que lo mejor es no publicar nada, salvo en caso de necesidad extrema. Nadie necesita nuevos libros, hay suficientes en circulación. He visto a las mejores mentes de varias generaciones destruidas por haber publicado un libro malo. Ojo que no los destruye el hecho de que el libro sea malo, sino la incapacidad de aceptarlo.
La paciencia, la calma, la voluntad de aprender ejercitando el examen de los propios yerros, son los mejores consejeros para las manos que desean emprender de manera autónoma la aventura de llenar la página. Más vale conseguir un pequeño poema perdurable que dispararse una mala novela que no se la mama ni el más piadoso. O por lo menos eso es lo que pienso un lunes por la mañana, mientras me froto los dedos para agarrar el manubrio de la bicicleta.

17/8/2014

Apuntes / 7


El año pasado se publicó en México La mosca en el canon, un libro de ensayos sobre Augusto Monterroso.

Apuntes / 6



No sé a quiénes les podrían interesar estos apuntes. He ahí un verdadero misterio.

No sé a quién le puede interesar lo que apunta alguien que le apunta a entrenar las manos que más tarde usará para escribir. Porque tampoco creo que los apuntes sean la escritura en sí misma, sino más bien lo que está antes de la escritura. O lo que está después de la escritura que permanece invisible, me refiero a esa jungla imaginaria que todavía no consiguió instalar su desmesura entre las cálidas pastas de un libro.

Siempre ha sido un misterio para mí que exista alguien interesado en lo que uno escribe. Si lo piensan bien, es algo mágico, aunque de cierto modo también es un asunto un tanto absurdo. Resulta ocioso querer averiguarlo, sin embargo en estos tiempos ya no se sabe si te leen por placer o porque el chip del Big Brother les ha quedado finamente instalado en la psique.

La curiosidad mató al gato, es verdad, mas no hay que olvidar que todo gato que se precie tiene siete vidas. Incluso el gato de Schrödinger tiene por lo menos siete maneras de relampaguear entre la lectura y la no lectura. Digámoslo así.

Lo anterior me lleva directamente al siguiente apunte: el número 7.

16/8/2014

Apuntes / 5


No es uno el que cambia, son los libros. El organismo de los libros está en permanente mudanza, ebullición, se transforma como cualquier materia viviente. Basta abrir cualquier libro de par en par, diseccionarlo como a una rana auténtica para descubrirlo.

Pienso estas cosas después de haber releído un libro que odié hace cuatro años, pero que ahora me apasiona como si fuera la experiencia de un verdadero paradiso en la tierra.

Revelaría el nombre de este libro si no fuera todavía más placentero saber que se trata de un descubrimiento secreto: un libro que odié por las mismas razones que ahora me hacen amarlo, se merece todos los cuidados, toda la mesura.

Un día de estos también hablaré sobre el tema de las lecturas secretas. Me gustaría hablar del derecho a mantener ciertas lecturas bajo reserva por un tiempo indefinido. Ningún libro debe ser comentado ni criticado por obligación, no existe tal requisito, a no ser en las mentes delirantes de las nuevas inquisiciones literarias al uso. Todos tenemos derecho a leer, del mismo modo que tenemos derecho a no leer. Se tiene el derecho a comentar o a criticar, del mismo modo que existe el derecho a ignorar una obra. Para los críticos existe el derecho, inclusive, a desmotivar la lectura de una obra o de un autor, siempre y cuando, claro está, las estrategias para conseguirlo se encuadren dentro de los límites que contemplan las diversas legislaciones nacionales e internacionales.

Por más garitas de control que intenten instalarle por ahí, la lectura seguirá siendo siempre el espacio de la libertad total.


15/8/2014

Apuntes / 4


Decidí convertir este blog en un cuaderno de apuntes. Finalmente decidí darle a esta bitácora –porque las cosas, por muy virtuales que sean, también tienen deseos– lo que siempre me pidió y no le había querido o no le había podido dar.

De un pretendido metadiario revelador pasaremos a un racimo de notas banales para mantener las manos calientes. Escribiré como un deber marcial frente a la comandancia de la página en blanco. Por alguna razón un tanto arcana, siento que necesito someter este entrenamiento de la mano a la supervisión de los lectores que van por ahí como náufragos, o como piratas del deseo de escribir.

Siento que si dedico parte de mi tiempo a escribir anotaciones sin importancia dejaré listas las nuevas manos que me han nacido para escribir los libros que antes perdí, o que se quedaron flotando en el mar desolado del ciberespacio. Seré el traficante de mi propia escritura. Ejecutaré el trasiego de mis palabras, ahora transcritas por el personaje que se apropió de mis viejas manos para hacer una fogata, sí, ese mismo personaje incendiario que escribe mi autobiografía en algún universo paralelo.

Convertiré esta bitácora en un sutil amasijo de banalidades (¿no lo era ya?), pero también quisiera poner a resplandecer esta pantalla con los comentarios de algunas lecturas.

Como dijo cierto personaje, al calor de los tragos, en El Señor Presidente: "la que es puta, vuelve". Y con diente de oro, habría que agregar.