
La posibilidad de lo imposible
En los espacios de reclusión el tiempo se fragmenta, podríamos afirmar, se interrumpe. Sobre este sistema disperso la palabra se hace extrema en un sentido de práctica definida, de esbozo clarificador. La palabra crea un sistema contra la disolución y en esta vigilia la conciencia vuelve a ocupar su sitio.
En voz baja es posible hablar de nuevo. En el camino precario de las prisiones las palabras son vehículos, elementos de intercambio para mantenerse “afuera”. Y, en ocasiones, para crear la posibilidad de lo imposible los textos del taller de poesía “Historial de soledades” suenan, casi al revés del mundo, cuando reciben a otros poetas.
VOCES AL ENCUENTRO DE LAS VOCES DEL ENCIERRO
Testimonios de poetas extranjeros en ocasión del III Encuentro entre poetas e internos de la Unidad III.
ENTREVISTA AL POETA GUATEMALTECO ALAN MILLS
-¿Qué opina usted de este encuentro?
-Todos los encuentros son importantes, al final de cuentas lo que uno hace en la vida es viajar y encontrarse, y encontrar a otros; entonces, los encuentros de poesía son un pretexto, es una especie de creación artificial para permitir que las partículas se choquen, es una especie de acelerador de partículas donde los poetas pueden intercambiar, enfrentarse, conocerse y a partir de eso crear otra vez una hoja mínima. Como le decía a Hugo Farfán (uno de los internos), hace un momento, la poesía es solo limpiar el vidrio del auto: es el parabrisas, hay que limpiar el parabrisas; vas manejando y alguien te limpia ese parabrisas, la poesía sólo nos permite mirar al que nos lo está limpiando y recordarnos que nosotros deberíamos limpiarlo, para ver al que nos lo está limpiando. Entonces, en cualquier espacio la poesía es importante, sea en la privación de libertad, sea en la supuesta libertad que imaginamos que tenemos afuera; la cárcel lo que hace es que nos recuerda, es como una metáfora de lo que estamos viviendo afuera, sólo representa lo que estamos viviendo nosotros afuera.
-¿Conoce experiencias similares en su país?
-Si pensamos que Guatemala es una gran cárcel, sí. Bueno, es decir, hay experiencias de festivales de poesía de jóvenes, sobre todo. El Estado, el gobierno, todavía no ha asumido un papel tan fuerte con la creación de ese tipo de encuentros, pero hay jóvenes independientes que han creado un festival en una de nuestras provincias y también visitan los centros preventivos, las escuelas. Creo que en toda América Latina hay festivales similares, algunos con apoyo estatal, otros independientes que están creando la posibilidad de esos encuentros.
-¿Cree que la poesía debe superar los límites elitistas para poder difundirse en otros lugares? ¿Por qué?
-El poeta es como un medium, es como alguien que trae la noticia y la vuelve a llevar: hay que pensar que si el pueblo fuese una especie de cantera, el poeta extraería la piedra, la llevaría, la sacaría de la cantera, la convertiría en algo y la regresaría a la cantera, tal vez convertida en la misma piedra que sacó, es decir, no necesariamente la embellecería, simplemente transportaría un objeto de un lugar a otro. Entonces, el pueblo, pensando en esa imagen de lo popular, sería nuestra base como soñaban los revolucionarios, quizás siendo ahora más prudentes, volver a cierta ingenuidad y a cierta modestia, y saber que simplemente ayudamos a traer una piedra y a llevarla a otro lugar. La poesía cataliza la cultura popular hacia la cultura letrada y la cultura letrada hacia la popular, y funciona como una especie de catalizador, pero también de puente, de contacto.
Nicanor Parra decía que él había puesto una montaña rusa para que el poeta bajara del Olimpo, pero yo pienso que hay que subirse a la montaña rusa, bajar, volver a subir, es decir, la sociedad es elitista, por lo tanto, la poesía también va a ser elitista, no es un problema de la poesía. La poesía es una construcción social y reproduce su propia vida, su propia forma de ser en lo social. Entonces, hay que traer la piedra, hay que viajar a la cantera, salir y volver a entrar, yo no creo que haya que estar siempre en lo popular y despreciar tampoco por eso a los espacios más elitistas, es decir, hay que tener cuidado con crear binarismos, más bien creo que hay que viajar entre los espacios y abrir, que la gente de diferentes espacios y de diferentes extracciones sociales pueda tener el acceso al mismo conocimiento. En ese sentido sí, hay que romper con el elitismo, sobre todo con el elitismo de la educación, el elitismo de los espacios de lectura. Ahí, es donde está la clave, crear como este taller, por ejemplo, eso es mucho más revolucionario que muchas cosas que se hacen llamar revolucionarias.
-¿Qué poetas han sido para usted referenciales?
-Me gustan muchísimos poetas. Podría nombrar a César Vallejo, Roque Dalton, Nicanor Parra, Raúl Zurita; me gusta mucho el argentino Néstor Perlongher, también Leónidas Lamborghini... Paco Urondo, que lo estoy descubriendo ahora, me parece espectacular.
-Algunos de los poemas de los chicos del penal me parecieron muy notables. Pero lo que me llevo yo es la sensación, voy a elaborar bien la idea: si uno relee una de las Leyendas de Guatemala, de Miguel Ángel Asturias, recordará a uno de los personajes, una mujer, que está en una especie de cárcel, en una celda, y tiene el tatuaje de un barco en el brazo. Ella, en la pared de la cárcel, dibuja el mar y entonces en ese barco se logra ir. Yo creo que de alguna forma la poesía es eso, es el tatuaje y el mar que uno dibuja en la pared para salir de la prisión. También, podemos pensar en Roque Dalton cuando está preso y de tanto pensar en la palabra "libertad" se cae la cárcel por un terremoto y él sale libre, por un terremoto. Eso lo dibujó Quino, no sé si conocía la historia o simplemente él la pensó igual. La poesía es imaginar tanto un mundo paralelo que de repente uno ya está ahí. Y aquí me sentí yo en verdadera libertad.
* En este link también se pueden leer las respuestas de la poeta gallega Chus Pato, y del poeta brasileño Horacio Costa...

